Este 8 de marzo no es una fecha para discursos cómodos: Es una fecha para decir la verdad
En Costa Rica la violencia contra las mujeres sigue siendo una crisis. En lo que va del año ya superamos la treintena de femicidios. El año pasado fueron 40. En años anteriores también tuvimos cifras alarmantes. No estamos ante un hecho aislado ni ante un problema nuevo. Estamos ante una falla estructural del Estado.
Cada femicidio deja hijos huérfanos. Deja madres destrozadas. Deja familias marcadas para siempre. Y frente a esta realidad, lo que el país necesita es política pública seria, sostenida y evaluable. No basta con anuncios. No basta con campañas simbólicas. No basta con actos conmemorativos.
Vimos cómo se impulsaron programas como los llamados “Puntos Violeta”, que implicaron una inversión importante de recursos públicos. Se tocó el bolsillo de los costarricenses con la promesa de mayor protección. Pero hoy no existen indicadores claros, públicos y verificables que demuestren que esas inversiones redujeron agresiones o salvaron vidas.
En violencia contra las mujeres no caben políticas de vitrina. Cada colón debe traducirse en prevención real y en protección efectiva.
También existe una deuda pendiente con las familias de las víctimas de femicidio. La ley de reparación integral para quienes quedan en absoluta vulnerabilidad necesita respaldo firme y ejecución real. Cuando el Estado falla en proteger, al menos debe reparar. Y esa reparación no puede depender de la voluntad política del momento.
Como diputada, desde el primer día planteé una agenda clara en favor de la lucha contra la violencia hacia nosotras las mujeres. No fue discurso. Fue trabajo legislativo concreto. Varios de los proyectos que impulsamos hoy ya son leyes de la República, incluyendo reformas penales que fortalecen la protección y reconocen nuevas formas de agresión, como la sumisión química.
Pero aprobar leyes no es suficiente si el Ejecutivo no ejecuta, si los planes no se implementan con seriedad y si el presupuesto no se traduce en resultados medibles.
La violencia contra las mujeres no se combate debilitando instituciones. No se combate improvisando. No se combate gastando millones sin evaluación rigurosa.
Se combate con coherencia, con planificación estratégica y con voluntad política sostenida.
Este 8M no necesitamos discursos decorativos.
Necesitamos resultados. Necesitamos prevención efectiva. Necesitamos justicia pronta. Necesitamos reparación cuando la protección falla.
Porque cuando el Estado falla en proteger a las mujeres, no está fallando a un grupo. Está fallando a la democracia.
Y en esta lucha no caben excusas.
La vida de las mujeres no puede seguir dependiendo de la improvisación.
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