Incluyamos la Discapacidad en nuestras agendas y en nuestras vidas
Cada 29 de mayo en nuestro país se conmemora el Día Nacional de las Personas con Discapacidad con el propósito de promover el reconocimiento de sus derechos. Precisamente se conmemora en esta fecha ya que fue un 29 de mayo del año 1996, hace 30 años, que se publicó la ley número 7600, ley para la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad, la cual fue uno de las grandes transformaciones que marcó el inicio de la visibilización de las personas con discapacidad en la sociedad costarricense.
Cada cinco años en nuestro país, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) realiza la Encuesta Nacional sobre Discapacidad (ENADIS), que permite obtener información de diversos temas como: características sociodemográficas (sexo, edad, educación, lugar de nacimiento, estado de convivencia, condición de aseguramiento, identificación étnica-racial, uso de tecnología), empleo, educación, ingresos, condición de salud, asistencia personal, productos de apoyo entre otros de la población adulta de 18 años y más.
Los resultados de la última encuesta correspondiente al año 2023, destacan que un 17,2 % de la población adulta en Costa Rica tienen alguna discapacidad, lo que significa en términos absolutos, poco más de 676 mil personas de las cuales 58 % son mujeres.
Un dato relevante que señala este informe es que conforme aumenta la edad de las personas el porcentaje de población con discapacidad es mayor. El 37,4 % de la población de 65 años y más se encuentra en situación de discapacidad más del doble de valor nacional; mientras que, el 9,6 % de las personas de 18 a 35 años tienen alguna discapacidad y el 17,6 %, entre 36 y 64 años.
Esta realidad amerita un enfático llamado a incluir en las agendas públicas y privadas la situación de las Personas con Discapacidad, ponernos en su lugar para tratar de entender su verdadera situación con la certeza de que la discapacidad no solamente afecta directamente a quienes la sufren, afecta a su entorno familiar y que en cualquier momento podría afectarnos a cualquiera de nosotros o alguno de nuestros seres queridos.
Ponerse en su lugar implica conocer sus limitaciones, expectativas , carencias y para poder entender realmente debemos imaginarnos a nosotros mismos viviendo el día a día de:
- Un niño, niña o adolescente con discapacidad
- Un joven o adulto con discapacidad
- Un padre o una madre con discapacidad
- Un padre o una madre con discapacidad que también tienen hijos con discapacidad
- Un padre y una madre de un hijo o hijos con discapacidad y de
- Una persona adulta mayor con discapacidad.
Cada una de estas situaciones requiere una atención específica pues constituyen vivencias distintas que demandan y merecen análisis, políticas públicas inclusivas y acciones privadas consecuentes para construir una sociedad con empatía , justa y equitativa.
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