Japón explora el uso de personajes de anime como herramientas terapéuticas

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Japón explora el uso de personajes de anime como herramientas terapéuticas
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Japón, una de las potencias culturales más influyentes del mundo, enfrenta desde hace años un problema silencioso: la salud mental.

La presión social, las extensas jornadas laborales, el aislamiento y las dificultades para expresar emociones han provocado sobre todo entre los jóvenes japoneses un aumento de casos de ansiedad y depresión.

Sin embargo, en una sociedad donde acudir al psicólogo todavía carga cierto estigma, algunos especialistas están buscando nuevas formas de acercarse emocionalmente a las personas. Y una de ellas está naciendo desde el manga y el animé.

Investigadores y terapeutas japoneses están explorando el uso de personajes y narrativas de anime como herramientas terapéuticas para ayudar a jóvenes con síntomas depresivos y dificultades de adaptación social.

La lógica detrás de esta idea es sencilla, pero poderosa: muchas personas encuentran en los personajes de manga y anime modelos emocionales con los que logran identificarse más fácilmente que con figuras tradicionales de autoridad. Historias sobre soledad, frustración, ansiedad, rechazo o superación personal generan empatía y permiten hablar de emociones que, en la cultura japonesa, muchas veces se reprimen.

El psiquiatra Francesco Panto, citado en recientes investigaciones sobre el tema, explica que el anime puede funcionar como un “filtro de fantasía” que ayuda a las personas a expresar sentimientos difíciles de verbalizar directamente.  En otras palabras, hablar de un personaje puede convertirse en una manera indirecta de hablar de uno mismo.

Además, esta estrategia parte de una realidad cultural importante: en Japón, muy pocas personas recurren a terapia psicológica. Datos citados por medios internacionales indican que en 2022 apenas un 6% de la población había buscado apoyo profesional en salud mental, una cifra muy inferior a la de Europa o Estados Unidos.

El manga incluso ha servido como espacio autobiográfico para artistas japoneses que han relatado públicamente sus luchas emocionales. La autora Kabi Nagata, por ejemplo, ha abordado en sus obras temas como depresión, ansiedad, soledad y alcoholismo, convirtiéndose en una referencia para muchos jóvenes que enfrentan situaciones similares.

Por supuesto, los especialistas aclaran que el anime no reemplaza la terapia psicológica profesional. Pero sí puede convertirse en una puerta de entrada para conversar sobre salud mental, reducir el aislamiento emocional y generar identificación en personas que normalmente no buscarían ayuda.

Quizá esa sea una de las grandes lecciones de esta iniciativa japonesa: a veces el arte, las historias y la cultura popular no solo entretienen. También pueden ayudar a sanar.

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