Después del plantón nacional, algunos siguen sin entender: Costa Rica necesita soluciones, no espectáculos
En Costa Rica estamos viviendo una situación política crítica, que ya resulta insostenible. Cada semana, el país observa cómo el Consejo de Gobierno se convierte en un ritual estéril, seguido por ruedas de prensa que parecen más un escenario de campaña permanente, que un espacio serio para informar sobre la gestión pública. En lugar de presentar avances, resultados o propuestas concretas para enfrentar los problemas nacionales más urgentes, se dedica un tiempo valioso a criticar, acusar, hostigar y ofender. Es como si este gobierno siguiera en campaña para el 2030 sin haber construido todavía los méritos de una verdadera administración.
Lo más preocupante es que este patrón comunicacional no se traduce en soluciones tangibles. Los logros que se mencionan, como: algunos avances en infraestructura y crecimiento económico, no se refleja en mejoras reales para la población. Son cifras que suenan bien en conferencia, pero no permean la vida cotidiana de la gente. Mientras tanto, los problemas graves del país continúan agravándose sin recibir la atención, el esfuerzo ni la seriedad que merecen.
Las listas de espera en la Caja siguen creciendo sin control: hoy más de 1.000.000 de costarricenses esperan una consulta, un procedimiento o una cirugía, y en especialidades como ortopedia y oftalmología las esperas superan de 2 a 5 años. La seguridad nacional enfrenta niveles históricos de violencia, con 16,6 homicidios por cada 100.000 habitantes, más de 880 asesinatos en un año, y más de 30 grupos criminales disputando territorios mientras el Estado no logra recuperar el control.
La educación continúa en retroceso: en las pruebas PISA, Costa Rica obtuvo resultados en matemática, lectura y ciencias, muy por debajo del promedio de la OCDE, y 6 de cada 10 estudiantes no alcanzan el nivel mínimo en matemáticas. La infraestructura vial está colapsada, con 60% de las carreteras en mal estado y un déficit de inversión estimado en ₡5 billones (unos USD 9.000 millones). La reactivación económica no llega a los hogares: aunque el desempleo bajó a 6,3%, la informalidad se mantiene en 44%, el subempleo ronda el 10%, y los salarios siguen sin cubrir el costo de vida, por lo que la mayoría de familias no perciben ninguna mejora real.
Frente a esta realidad, las ruedas de prensa se han convertido en un mecanismo de sedición emocional: se busca convencer a la población de que la culpa es de otros poderes, de las instituciones autónomas, de los reguladores, de la prensa, de los sindicatos, de los jueces, de cualquiera que no sea el Ejecutivo. Se construye una narrativa de confrontación constante que distrae de la ausencia de soluciones de fondo. Es más fácil señalar culpables que asumir responsabilidades.
La pregunta que muchos costarricenses se hacen es sencilla: ¿Cuándo se van a poner a trabajar en serio? ¿Cuándo veremos un gobierno enfocado en resultados y no en discursos? ¿Cuándo honrarán la confianza y la encomienda que les dieron quienes votaron por ellos, que representó apenas un 33% del padrón nacional? Ese porcentaje no es un cheque en blanco; es una responsabilidad enorme que exige madurez, liderazgo y capacidad de gestión.
Costa Rica necesita menos espectáculo y más soluciones. Menos confrontación y más trabajo. Menos excusas y más resultados. El país no puede seguir esperando.
Los comentarios están cerrados.