¿Dónde está la plata?
En 2018 Costa Rica tomó una de las decisiones más trascendentales de las últimas décadas. La aprobación de la reforma fiscal que transformó el antiguo impuesto de ventas en el (IVA), manteniendo la misma tarifa, pero ampliando considerablemente la cantidad de bienes y, sobre todo, de servicios gravados. El mensaje fue claro: era un sacrificio necesario para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas y evitar una crisis mayor.
Años después, en 2022, se aprobó la Ley Marco de Empleo Público con el propósito de contener el crecimiento acelerado del gasto salarial del Estado, pero en setiembre de 2023 decretaron salarios globales transitorios que hicieron crearon una brecha salarial que ha costado miles de millones y una disparidad descomunal.
El discurso durante la campaña política fue que Costa Rica había recuperado la estabilidad fiscal. Se celebró que la relación entre la deuda pública y el Producto Interno Bruto descendiera por debajo del 60%, cosa que no duró ni un año. Se destacó el crecimiento de la recaudación tributaria y se presentó al país como un ejemplo de disciplina fiscal.
Sin embargo, a un mes del nuevo Gobierno el discurso cambió radicalmente. Hoy se afirma que la situación fiscal vuelve a ser crítica, que las finanzas públicas requieren un nuevo ajuste y que el país necesita otra reforma tributaria para garantizar su estabilidad.
Si la reforma fiscal de 2018 incrementó significativamente la recaudación del Estado, si la Ley Marco de Empleo Público pretendía controlar el crecimiento del gasto salarial, si se nos dijo durante años que las finanzas estaban saneándose y que la deuda disminuía, ¿por qué ahora se afirma que el panorama fiscal vuelve a ser tan delicado?
Más aún, si durante estos años se redujo la inversión en educación, si persisten enormes deudas con la Caja Costarricense de Seguro Social, si los recursos para seguridad ciudadana continúan siendo insuficientes y las necesidades sociales siguen creciendo, la pregunta resulta todavía más pertinente. ¿Dónde está la plata?
No se trata de una pregunta populista ni de una consigna política. Es una exigencia legítima de transparencia y rendición de cuentas.
A los ciudadanos no les quedó otra que aceptar una mayor carga tributaria bajo la promesa de que era indispensable para corregir las finanzas públicas. Ahora corresponde al Estado explicar con claridad cómo se utilizaron esos recursos, cuánto se destinó al pago de la deuda, cuánto al funcionamiento del aparato estatal, cuánto a inversión pública y cuáles resultados concretos obtuvo el país a cambio de ese enorme esfuerzo fiscal.
La confianza se fortalece demostrando que cada colón recaudado produce mejores servicios públicos, mayor seguridad, mejor educación, una salud más robusta y un Estado que administra con responsabilidad los recursos que pertenecen a todos los costarricenses.
La pregunta, entonces, sigue vigente y merece una respuesta técnica, transparente y verificable: después de todos estos años de mayores impuestos y de reformas estructurales, ¿dónde están los resultados y dónde está el dinero?
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