La pareidolia
¿Alguna vez ha mirado las nubes y, de pronto, ha descubierto un rostro, un animal o una figura perfectamente reconocible? Tal vez también le ha ocurrido al observar una mancha en una pared, la parte delantera de un automóvil o incluso los enchufes de una casa. Este curioso fenómeno tiene un nombre: pareidolia.
La pareidolia ocurre cuando nuestro cerebro encuentra una forma conocida dentro de una imagen o un estímulo que en realidad es ambiguo. Y los rostros tienen un lugar privilegiado. Dos puntos y una línea, colocados de cierta manera, pueden ser suficientes para que inmediatamente creamos estar viendo ojos y una boca.
El fenómeno también ayuda a explicar historias que periódicamente llaman la atención: personas que aseguran reconocer la imagen de Jesús, la Virgen María u otras figuras religiosas en una tostada, una mancha de humedad, el tronco de un árbol o cualquier otro objeto cotidiano.
Esto no significa necesariamente que la persona esté inventando lo que ve. Para ella, la semejanza puede resultar verdaderamente evidente. La explicación está en la extraordinaria capacidad de nuestro cerebro para buscar patrones y relacionarlos con imágenes que ya conocemos.
Según los expertos tiene sentido que seamos particularmente buenos reconociendo caras. Desde muy temprano, los seres humanos dependemos de los rostros para identificar a otras personas e interpretar emociones, intenciones y señales sociales. Nuestro cerebro está tan atento a ellos que, algunas veces, termina encontrándolos donde no existen.
Así que la próxima vez que mire hacia el cielo y descubra un enorme rostro formado entre las nubes, disfrute de la imagen. Aso sí, probablemente las nubes no estén tratando de decirle nada.
Es simplemente su cerebro haciendo algo que sabe hacer extraordinariamente bien: buscar formas conocidas en lugares donde no las hay.
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