Los cien días: el informe que no fue
Con esperanza sintonizamos el Canal Estatal para oír el informe de los cien días. Libreta en mano y debidamente atentos empezamos a ver la transmisión oficial para apreciar un informe cumplido de este período, cuyo vencimiento se ha vuelto costumbre comentar. Desde que el gobierno de Roosevelt (1933) usó esta medida de tiempo para demostrar hechos y asertos, el mundo entero ha ido utilizando la oportunidad para medir un gobierno o una administración.
Sin embargo, es menester indicar que no fue una rendición de cuentas ni nada parecido. Haciéndose un alarde de continuismo, se enlistaron 100 acciones públicas (aunque el locutor decía que habían decidido entre 116) y se mencionaron sin orden lógico, determinación de administración responsable, en un mosaico que no determinó con claridad la relación con el período ni la correspondencia con el Poder Ejecutivo.
Fue una acostumbrada pieza de propaganda oficial, llena de epítetos y calificaciones, combinada con deseos, argumentos y algunas ofensas, que no fue ni un debido informe ni, menos aún, una adecuada rendición de cuentas. Eso sí, con el anuncio de proyectos de ley de diversa índole (pasar los dineros de FONATEL a un lugar más ejecutable según criterio oficial) y los aportes patronales al Banco Popular para otorgar más pensiones del régimen no contributivo.
El Ministro de Hacienda aprovechó para denostar a sus adversarios y anunciar que seguirá recortando los fondos judiciales. Explicó también porque que no desea que se repartan el ROP, en una explicación que quizás habría sido más útil si se despoja de ofensas para quienes actúan diferente a sus deseos.
Por supuesto, no se habló del impugnado “secreto de Estado” ni del “golpe de Estado” que tanto han llenado de titulares a los medios informativos, ni se explicó por qué el Ejecutivo tercia en un conflicto entre los Poderes Legislativo y Judicial. Se anunciaron varios proyectos de ley y se fragmentó el vídeo de propaganda oficial.
El abuso del tono propagandístico, al revés de lo que se pretende, más bien esconde las acciones que pueden ser oportunas, valiosas, interesantes y propias de un informe de cien días o rendición de cuentas.
Igual, la ofensa al adversario más bien distrae de las que puedan ser razones pertinentes y apropiadas en relación con la presentación de proyectos de ley y rol de colegislador del Ejecutivo.
Una pieza de propaganda, eso sí, pero opacada por un remedo de rueda de prensa que desvaloriza la oportunidad cívica de rendir cuentas.
Los comentarios están cerrados.