En estos 205 años de vida independiente, vale la pena reflexionar
Sobre lo que significa la democracia para una persona costarricense, sin
importar en qué parte del territorio nacional se encuentre. Podemos decir a grandes rasgos que, la democracia para la mayoría de los costarricenses en este siglo XXI es:
- Vivir en un país de paz.
- Contar con un Estado Social de Derecho.
- Disponer de una división de poderes que garantice los frenos y contrapesos del sistema.
- Tener instituciones públicas sólidas, responsables y al servicio de la ciudadanía.
- Contar con un Estado que invierte en educación y en la transferencia del conocimiento a las nuevas generaciones.
- Disponer de la Caja Costarricense de Seguro Social que procura garantizar el derecho a la salud de manera solidaria y universal.
- Mantener una legislación orientada a proteger a las poblaciones en condición de vulnerabilidad.
- Promover una distribución más justa de la riqueza y mayores oportunidades para todas las personas.
- Ser una nación comprometida con la protección de la naturaleza.
- Ejercer libertades fundamentales como la libertad de empresa, tránsito, expresión y pensamiento, así como el derecho al debido proceso en todos los niveles.
- Contar con una población trabajadora, vinculada tanto a la actividad agropecuaria como a la formación profesional, científica y tecnológica.
Esas son algunas de las conquistas que disfrutamos de forma cotidiana y que, precisamente por formar parte de nuestra vida diaria, muchas veces no valoramos en toda su dimensión. Son el resultado de luchas, decisiones y esfuerzos realizados por distintas generaciones para construir el país que hoy tenemos. Las generaciones actuales no hemos tenido que pelear por ellas, no hemos sacrificado nada, solo nos levantarnos y asumimos que todo está Pura Vida.
Esta democracia, aun con sus debilidades y desafíos, debe cuidarse, fortalecerse y defenderse frente a cualquier intento de manipulación, debilitamiento o abuso; independientemente de su origen. Esto no significa ignorar nuestros problemas ni renunciar a la crítica. Por el contrario, exige una ciudadanía informada, vigilante y responsable, capaz de reconocer cuando alguien vestido de oveja nos quieran vender que estos 205 años de vida independiente han sido un fracaso, no es razonable que, aunque sigamos disfrutando de todas estas ventajas y libertades, día a día, nos sintamos traicionados o carboneados sobre lo que realmente tenemos como nación.
Los costarricenses debemos pensar y actuar con esperanza, pero también con espíritu crítico. Es necesario recordar que nuestra realidad ha costado años de trabajo, sacrificio y perseverancia. Es una herencia construida por generaciones, que procuraron dejarnos nuestros abuelos, bajo una institucionalidad con base democrática, sin ejército, con un sistema educativo accesible y de calidad, un sistema de salud solidario y una cultura basada en la convivencia pacífica.
Nos corresponde proteger este legado, corregir sus debilidades y fortalecerlo para las futuras generaciones. Solo así podremos continuar viviendo, bajo el límpido azul de nuestro cielo, compartiendo el trabajo y la paz.
¡Que viva Costa Rica y que viva la independencia!
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