Una Patria que se construye todos los días
Setiembre nos invita a mirar a Costa Rica con sentido de gratitud, pero también con responsabilidad. La celebración de nuestra independencia no debería quedarse únicamente en las expresiones externas que acompañan este mes. La bandera, el Himno Nacional y las tradiciones patrias tienen un profundo significado cuando nos llevan a recordar que la libertad que disfrutamos es un legado que debemos cuidar y fortalecer.
Costa Rica ha construido a lo largo de su historia una identidad que tiene en la paz, la democracia, la educación y la convivencia algunos de sus pilares fundamentales. No significa que hayamos sido una sociedad perfecta. Significa que hemos sabido apostar por caminos que privilegian el diálogo, la institucionalidad y la búsqueda del bien común. Este patrimonio merece ser defendido y renovado por cada generación.
Sin embargo, enfrentamos circunstancias que nos obligan a preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo. La violencia, la inseguridad, la desigualdad, la polarización y la pérdida de confianza en las instituciones son realidades que no podemos ignorar. Una sociedad que normaliza la violencia, la corrupción o la indiferencia termina debilitando aquellos valores que hicieron posible la Costa Rica que hoy conocemos.
Este mes debe ser una oportunidad para recuperar algo que resulta esencial: los valores no pueden ser únicamente palabras que repetimos; deben convertirse en decisiones concretas. La honestidad, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad y la tolerancia adquieren sentido cuando los practicamos en nuestra vida cotidiana.
Tenemos, además, una responsabilidad particular con las nuevas generaciones. No basta con decirles que Costa Rica es un país de paz y libertad si no somos capaces de enseñarles, con nuestro propio ejemplo, a respetar al otro, a resolver las diferencias mediante el diálogo y a comprender que sus derechos siempre están acompañados de deberes.
La Patria se construye también en las pequeñas decisiones. Se construye cuando rechazamos la corrupción; cuando cumplimos nuestras responsabilidades; cuando tratamos con dignidad a quien piensa distinto; cuando ayudamos a una persona que atraviesa una dificultad; cuando enseñamos a nuestros niños y jóvenes que el respeto no es una debilidad y que la honestidad no depende de si alguien nos está observando.
Costa Rica tiene grandes desafíos, pero también tiene una enorme capacidad para salir adelante cuando sus ciudadanos comprenden que el futuro no se construye desde la indiferencia. Cada generación recibe una nación y tiene la responsabilidad de entregarla a la siguiente en mejores condiciones.
Que este mes de la Patria nos permita renovar el orgullo de ser costarricenses, pero, sobre todo, renovar nuestro compromiso con los valores que queremos que sigan identificando a Costa Rica.
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