El valor de servir

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Servir es una de las expresiones más nobles de nuestra humanidad. Cuando ponemos nuestras capacidades, tiempo y talentos al servicio de los demás, contribuimos a construir una sociedad más solidaria y humana.

Vivimos en un tiempo en el que muchas veces se valora más el poder, el reconocimiento o el éxito personal. Sin embargo, hay una grandeza diferente, una que no siempre aparece en los titulares: la grandeza de quien sirve sin esperar aplausos ni recompensas.

Servir comienza en lo cotidiano. Está en quien acompaña a un adulto mayor, ayuda a un vecino, escucha a una persona que atraviesa un momento difícil, en quien realiza su trabajo con responsabilidad y pensando también en el bien de los demás.

También quienes tienen responsabilidades públicas están llamados a comprender el servicio como una verdadera vocación. La autoridad tiene sentido cuando busca el bien común y cuando recuerda que liderar no significa estar por encima de los demás ni imponer ideas o gobernar con autoritarismo, sino tener una mayor responsabilidad hacia ellos.

En nuestras familias también aprendemos el valor de servir. Una madre, un padre, un abuelo, un hijo, muchas veces sirven silenciosamente y con amor. Esos pequeños gestos son los que van formando personas capaces de pensar no solamente en sí mismas, sino también en quienes tienen a su alrededor.

Costa Rica necesita recuperar y fortalecer esa cultura del servicio. Necesitamos personas dispuestas a tender la mano, a colaborar, a trabajar juntas y a poner sus talentos al servicio de una sociedad donde nadie se sienta olvidado. Esto debe iniciar en toda institución pública, principalmente, pero también, si queremos una mejor sociedad, en cada instancia privada se debe buscar este ideal.

Servir no significa que no tengamos dificultades o que siempre podamos resolver los problemas de los demás.

Desde la fe cristiana sabemos que Jesús mismo nos enseñó que la verdadera grandeza está en servir. Su ejemplo nos recuerda que una vida entregada a los demás no es una existencia perdida; al contrario, es una vida que deja huella y genera esperanza.

Por eso, hoy quisiera invitar a cada costarricense a preguntarse: ¿a quién puedo servir hoy? Tal vez la respuesta esté muy cerca de nosotros. Porque cuando cada uno aporta lo mejor de sí para el bien de los demás, comenzamos a construir, juntos, la Costa Rica que todos queremos.

Que nunca nos falten manos dispuestas a servir y personas disponibles a poner el bien común por encima del interés personal. Servir es hacer el bien, y hacer el bien siempre vale la pena.

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