Día de la Democracia Costarricense

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Compatriotas, hace 137 años, un 7 de noviembre de 1889, miles de costarricenses se movilizaron en defensa de la voluntad popular expresada en las urnas. Aquella jornada, que hoy conmemoramos como el Día de la Democracia Costarricense, dejó una enseñanza que atraviesa nuestra historia: el poder político no es propiedad de quienes lo ejercen. Su legitimidad proviene del pueblo y debe estar sometido a su voluntad.

Desde entonces, nuestro país ha recorrido un largo camino. Un camino con dificultades, contradicciones y dolorosos tropiezos, pero también con conquistas extraordinarias que nos han permitido construir una de las democracias más longevas del mundo.

La democracia, ciertamente, es mucho más que elecciones. Es el Estado de derecho que somete a gobernantes y gobernados a las mismas leyes. Es la separación de poderes que impide que la autoridad se concentre en unas pocas manos. Es la libertad de expresar nuestras ideas, disentir y fiscalizar a quienes gobiernan. Es el reconocimiento de la dignidad y los derechos de todas las personas, especialmente de quienes piensan distinto o pertenecen a las minorías.

Porque la democracia no consiste solamente en un método para decidir quién gobierna, sino también en establecer los límites dentro de los cuales puede gobernar.

Pero las elecciones libres y auténticas siguen siendo su fundamento irrenunciable. El sufragio es la expresión más igualitaria de nuestra ciudadanía: en las urnas, cada persona cuenta lo mismo, independientemente de su riqueza, sus estudios, sus creencias o su posición social.

Y ese voto debe ser respetado. Siempre. Tanto cuando favorece nuestras preferencias como cuando las contradice.

Ese es el compromiso democrático esencial: aceptar que nadie tiene derecho a imponerse sobre la voluntad popular, ni siquiera invocando las causas que considera más justas.

Hoy, cuando en tantas partes del mundo la democracia enfrenta amenazas, recordemos que ninguna conquista democrática está asegurada para siempre. Las instituciones necesitan leyes que las protejan, pero también ciudadanos que las comprendan, las vigilen y las defiendan.

Que este 7 de noviembre nos encuentre conscientes de nuestra responsabilidad compartida: preservar una Costa Rica donde el poder tenga límites, las diferencias se resuelvan pacíficamente y la última palabra en las urnas siga perteneciendo, sin excepciones, al pueblo.

¡Feliz Día de la Democracia Costarricense!

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