Una Madre para nuestra sociedad

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Una Madre para nuestra sociedad
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Cada año, ante la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, el corazón de los católicos de Costa Rica emprende una peregrinación de fe y esperanza hacia la casa de la Madre. Allí llegamos con nuestras alegrías y preocupaciones, con nuestros agradecimientos y nuestras súplicas, sabiendo que María nos recibe siempre como hijos amados y nos conduce hacia Jesucristo, el Señor de la vida y de la paz. Pocos días después, celebramos también el Día de la Madre, una fecha que nos invita a agradecer el amor generoso de tantas mujeres que, con ternura y fortaleza, han hecho posible la vida y han sostenido nuestras familias.

Estas dos celebraciones nos permiten contemplar una verdad profundamente humana y cristiana: nuestra sociedad necesita una madre. Necesita volver a descubrir la ternura como fuerza transformadora, el cuidado como expresión de justicia y la fraternidad como camino para construir un futuro mejor.

Vivimos tiempos que nos plantean grandes desafíos. Nos duele la violencia que ha dejado heridas profundas en nuestro pueblo; nos preocupan las familias que afrontan dificultades económicas, los jóvenes que buscan oportunidades y sentido para sus vidas, las personas que experimentan la soledad y el abandono, y quienes llevan en silencio el peso de la enfermedad, la pobreza o el sufrimiento. Con frecuencia, corremos el riesgo de acostumbrarnos al dolor ajeno o de levantar muros que nos separan unos de otros.

Frente a esa realidad, María nos enseña otro camino. Ella es la Madre que escucha, que acompaña e intercede por nosotros ante Jesús, su amado hijo y que permanece fiel aun en las horas más difíciles. Al pie de la cruz recibió de Jesús una misión que atraviesa los siglos: ser Madre de todos. En su corazón hay lugar para cada persona, especialmente para quienes más necesitan consuelo, cercanía y esperanza.

Mirar a la Virgen de los Ángeles es dejarnos educar por su maternidad. Ella nos enseña que nadie debe quedar excluido de nuestro amor y de nuestra preocupación. Nos recuerda que una nación es verdaderamente grande cuando protege la vida humana en todas sus etapas, cuando cuida a sus familias, cuando ofrece horizontes de esperanza a sus jóvenes y cuando trabaja incansablemente por la paz y la reconciliación.

Pidamos a la Negrita que nos ayude a ser una sociedad con entrañas de madre: más acogedora que indiferente, más solidaria que egoísta y más comprometida con el bien común que con nuestros propios intereses.

Agradezcamos también el don de nuestras madres, vivas o difuntas, cuyo amor ha sido para nosotros un reflejo del amor de Dios. Que ninguna madre se sienta sola en su misión de educar, acompañar y sostener la vida.

Que Nuestra Señora de los Ángeles bendiga a Costa Rica, fortalezca nuestras familias y nos conceda el don precioso de la paz. Bajo su manto maternal, renovemos nuestra esperanza y aprendamos a reconocernos verdaderamente como hermanos.

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