Después del voto: el compromiso de los electos empieza ahora. La verdadera e indiscutiblemente tarea empieza ahora
Tenemos gobernantes y legisladores electos el pasado primer domingo de febrero. Tenemos nuevas voces que ocuparán los espacios donde se toman las decisiones más importantes del país. Pero, más allá del relevo institucional, surge una pregunta inevitable y legítima: ¿y ahora qué sigue? La democracia no termina con el voto; apenas comienza con él. La ciudadanía no solo eligió nombres, eligió la esperanza de que ciertamente algo mejore, de que el rumbo se aclare y que las promesas se conviertan en hechos visibles.
Costa Rica, ya no necesita más discursos largos, necesita rutas claras y concretas. El país espera ver una agenda compartida que trascienda banderas políticas, tanto en las aceras oficialistas como de la oposición y que coloquen en primer plano lo urgente: seguridad, empleo, educación y salud. La violencia no puede seguir marcando territorios; la economía no puede continuar asfixiando a quienes producen; la educación no puede perder a nuestros jóvenes; y la seguridad social no puede convertirse en una sala de espera interminable.
Pero esta responsabilidad no recae en una sola instancia. Los nuevos gobernantes electos, los partidos políticos que recibieron el respaldo ciudadano —cada uno en su justa proporción— y los nuevos jerarcas institucionales, están llamados a ejercer una gobernanza conjunta. No se trata solo de administrar el poder, sino de construir dirección, coherencia y resultados. Gobernar hoy implica corresponsabilidad.
El reto no es solo del Poder Ejecutivo, ni únicamente de la Asamblea Legislativa. El reto es de ambos, caminando juntos, junto a todas las instituciones públicas, entendiendo que la confrontación permanente debilita la confianza y retrasa las soluciones. La ciudadanía espera coordinación, acuerdos concretos y metas medibles. No se trata de renunciar a la identidad política, sino de priorizar el bienestar común sobre la diferencia ideológica.
Una ruta compartida significa plazos definidos, indicadores públicos y rendición de cuentas periódica. Significa también escuchar a las comunidades urbanas y rurales por igual, reconocer que los problemas no son idénticos, pero sí conectados. Significa comprender que gobernar no es imponer, sino conducir con responsabilidad, apertura y visión de país.
El momento que vive Costa Rica, no admite improvisaciones. Las nuevas autoridades tienen ante sí una oportunidad histórica: demostrar que el cambio no es el relevo de rostros, sino un verdadero compromiso con la transformación. La legitimidad se demuestra y sostiene con resultados, y los resultados nacen de la planificación, la cooperación y la transparencia.
Hoy la ciudadanía observa con atención y esperanza. Es tiempo de presentar la hoja de ruta, de mostrar el calendario de acciones y de abrir los espacios de diálogo real.
Recordemos que gobernar es servir, y servir implica demostrar, con hechos concretos, que se viene a arreglar el país.
La confianza no se pide; se construye y el mejor momento para empezar es ahora.
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