La prudencia produce sabiduría…
La política exterior no puede construirse desde la impulsividad ni desde el cálculo de la confrontación. Las recientes declaraciones de la señora presidente, hacia el gobierno de Panamá han abierto innecesariamente un foco de tensión diplomática en un momento particularmente temprano de su administración. Apenas transcurridas dos semanas desde el inicio de un nuevo gobierno, resulta preocupante que ya exista un roce internacional que pudo evitarse con prudencia, serenidad y mayor visión política.
Las relaciones entre países no funcionan bajo la lógica de las redes sociales, donde muchas veces domina la reacción inmediata, la descalificación o el enfrentamiento verbal. La diplomacia exige mesura, responsabilidad y conciencia de las consecuencias. Cada palabra pronunciada por un jefe de Estado tiene repercusiones políticas, económicas y sociales, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Por eso, no basta con hablar desde la emoción o desde el impulso: se requiere altura política y comprensión geopolítica.
En ese sentido, el llamado del señor presidente de Panamá a actuar con prudencia y responsabilidad no debería interpretarse como una agresión, sino como una advertencia sensata sobre la delicadeza de las relaciones internacionales. Costa Rica y Panamá mantienen vínculos históricos, comerciales y estratégicos que no pueden ponerse en riesgo por declaraciones desafortunadas o actitudes confrontativas. Cuando dos países vecinos tensan sus relaciones, quienes terminan pagando el precio no son los líderes políticos, sino las poblaciones.
Un ejemplo claro está en el tema energético. Costa Rica depende en determinados momentos de la compra de energía a Panamá bajo condiciones favorables. Si un conflicto diplomático deteriora esos acuerdos o encarece las negociaciones, las consecuencias recaerán directamente sobre la economía nacional y, especialmente, sobre los sectores más vulnerables. Como suele ocurrir, las decisiones imprudentes desde el poder terminan golpeando con mayor fuerza a quienes menos tienen.
Pero además del impacto económico, preocupa el estilo político que comienza a proyectarse. La democracia no se fortalece mediante la agresividad, la polarización ni la descalificación constante. Por el contrario, se debilita cuando el liderazgo abandona la reflexión y privilegia la confrontación como mecanismo de posicionamiento. Costa Rica ha construido históricamente una imagen internacional basada en el diálogo, el respeto y la institucionalidad democrática. Esa tradición merece ser cuidada y protegida.
Gobernar implica mucho más que generar titulares o alimentar discursos de fuerza. Gobernar es comprender que el poder exige responsabilidad. La señora presidente tiene todavía la oportunidad de rectificar el tono, deslindarse de actitudes impulsivas y asumir una conducción más prudente y estratégica. El país necesita liderazgo firme, sí, pero también maduro, equilibrado y consciente de que en política internacional cada palabra puede convertirse en una puerta de entendimiento… o en el inicio innecesario de un conflicto.
El Rey Salomón pidió a Dios sabiduría y éste le dio todo. Ojalá nuestra presidente también la pida y entienda, que la prudencia produce sabiduría…
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