Responsabilidades de la libertad de expresión

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Responsabilidades de la libertad de expresión
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Dice el refrán popular que “para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”, lo que significa que todas las personas, solo por el hecho de serlo, tenemos el derecho humano a la libertad de expresión, que consiste en manifestar, opinar o difundir informaciones e ideas sobre cualquier tema, de la forma que queramos, sin que nadie nos censure por ello previamente.

Sin embargo, la libertad de expresión no es ilimitada. Debemos ser muy conscientes de cada palabra que salga de nuestras bocas, o que escribamos en las redes sociales, ya que puede llegar a dañar la dignidad humana y el honor de otras personas. No en vano la Convención Americana sobre Derechos Humanos establece que debemos enfrentar las responsabilidades jurídicas civiles y penales ulteriores cuando sobrepasemos los límites de la legalidad con nuestras palabras u opiniones.

Precisamente hoy en día la tecnología y, específicamente las redes sociales, son un arma muy poderosa con la que se puede dañar la reputación de otras personas. Lamentablemente, esto ha dado pie para que personas inescrupulosas de manera intencional, cobardemente detrás de un teclado, profieran insultos despiadados contra personas con la intención de lesionar su honor y que, luego, pretendan ampararse en la mencionada libertad de expresión para intentar justificar vanamente sus acciones.

Son muchas las víctimas que diariamente sufren de alguna ofensa o, aún más grave de una persecución reiterada o sistemática que constituye acoso cibernético; pero, dichosamente, son cada vez más quienes son denunciados y sancionados con el peso de la ley, poniéndosele un alto a sus acciones malintencionadas.

Quienes se dedican sistemáticamente a ofender por medio de las redes sociales, amparados a una mal entendida libertad de expresión, sepan que los tribunales de justicia los van a responsabilizar penalmente, en el momento, que un ciudadano afectado recurra a una denuncia o querella privada.

Así mismo, los funcionarios públicos que, valiéndose de su investidura, insultan desde un podio creyéndose impunes, no están exentos de una sanción penal. La prudencia debe imperar y, más aún, que se avecina el periodo electoral. Por otra parte, las figuras públicas si bien es cierto deben ser tolerantes a la crítica, también gozan del derecho a defender su honor cuando es ultrajado.   

Hoy día es una imperiosa necesidad el uso responsable de las redes sociales, por el potencial daño que se le puede causar a la reputación y al buen nombre de las personas. Y es que la lesión al honor y reputación de una persona puede ser de tal magnitud que las consecuencias destructivas de una ofensa son irreversibles y, por más que pueda reclamarse una reparación económica, muchas veces, no se enmienda el daño causado.

Todos merecemos el respeto a nuestra dignidad humana. Y, con mayor razón, cuando las personas dependen de su reputación personal y profesional para desarrollarse en la sociedad. Por eso, desde las aulas escolares y colegiales, debe concientizarse a los menores y jóvenes sobre el debido uso de la tecnología, así como del conocimiento de las sanciones penales y civiles que prevé la ley para que sepan a qué atenerse.  Hoy, más que nunca, es necesario defender la penalización de los delitos contra el honor, y todas las formas de acoso cibernético, ya que constituyen fortalezas preventivas positivas para disuadir a aquellos que practican el deporte del insulto como forma de vida.

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