Gobernar sobre la base del diálogo

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Gobernar sobre la base del diálogo
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La democracia es el único sistema político que tiene vocación por el diálogo, la negociación y la búsqueda de acuerdos. Pese a no ser un sistema perfecto, permite la comunicación, el conocimiento, la comprensión, la empatía y los acuerdos entre actores políticos en una sociedad diversa. Ningún otro sistema o régimen político es capaz de permitir la articulación entre la mayoría y las minorías, puesto que en el proceso de toma de decisiones todos los actores políticos tienen el derecho constitucional de expresarse libremente y de ser tomados en cuenta.

El diálogo constituye un elemento fundamental en el ejercicio del gobierno democrático porque regula las diferentes relaciones entre los actores políticos, y entre éstos y la ciudadanía. Gobernar sobre la base del diálogo es tan importante como disponer de un Estado de derecho con garantías individuales y sociales, así como, con instituciones políticas que no solamente gestionan servicios públicos sino que también disponen espacios a través de los cuales se canalizan y resuelven las demandas ciudadanas.

Con la llegada de un nuevo gobierno en Costa Rica para el periodo 2026-2030 se inaugura un nuevo ciclo político y con él la esperanza de que sea el diálogo -y no la confrontación- la principal herramienta en el proceso de la gestión gubernamental para evitar aspectos negativos como polarización política.

Tener una mayoría en la Asamblea Legislativa no es, por sí sola, garantía de lo que podría ser un buen gobierno, sobre todo si esa mayoría no está lo suficientemente compactada como una verdadera fuerza partidaria, en lo ideológico, lo pragmático y lo funcional. Y aunque así fuera, el diálogo con las demás bancadas y con los demás sectores es esencial, porque no solamente la legalidad es importante en una democracia, también lo es la legitimidad de las decisiones tomadas, política, económica y socialmente. Hay que recordar que el diálogo es el pilar fundamental de la democracia, ya que permite canalizar la pluralidad política, construir consensos y gestionar conflictos de manera pacífica.

Gobernar sobre la base del diálogo es también una virtud, algo que no poseen todos los políticos. El político virtuoso es capaz de escuchar y de procurar acuerdos en medio de la diversidad, pensando siempre en el bien común. Perseverar en el diálogo es importante en una época como la actual, caracterizada por profundos cambios en todos los ámbitos. Potenciar el diálogo para articular democráticamente las múltiples posiciones sociales es una labor ardua que conlleva la ejecución de fórmulas inclusivas de todos los actores sociales, a quienes -lejos de descalificarlos- se les reconoce como parte del Estado de derecho democrático.  

El diálogo -por tanto- es un recurso de gran valía para evitar que las tensiones que genera la diversidad tengan como resultado la exclusión, la fragmentación y la violencia.

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