Aprobación del empréstito para el tren eléctrico. Importante decisión de la Asamblea Legislativa
La aprobación unánime del empréstito para impulsar el proyecto del tren eléctrico es una de esas noticias que trascienden el debate técnico y podrían representar un momento de inteligencia política y democrática para Costa Rica.
Quizás, entonces, se estaría ante la posibilidad de que, aunque cada fracción legislativa tuviera una legítima y justificada posición en relación con el ferrocarril y el empréstito, con diversas perspectivas para resolver los temas acerca de diseño del proyecto, organización del financiamiento y modo de ejecutarlo, la votación fue una especie de acuerdo general que permite sacar adelante una tarea necesaria.
De forma unánime todos los diputados presentes en la sesión del pasado lunes votaron a favor de una iniciativa que ha pasado por diferentes administraciones, distintos enfoques y distintos momentos políticos. En otras palabras, el Congreso (todos y cada uno de los diputados y fracciones) entendió que hay proyectos que pueden aprobarse, aunque hubiese razones para discrepar con el modo concreto de concebir las cosas o ante análisis que podrían mejorar razonablemente tema que se discute.
No se espera que desaparezcan las diferencias políticas ni la visión crítica. Tampoco que la oposición deje de cuestionar la Administración Pública, ni que el oficialismo deje de defender sus posiciones. Esa dinámica forma parte natural de cualquier democracia sana y robusta. Lo valioso ha sido que hubo un acuerdo (quizás tácito) reflejado en la votación unánime que muestra que hay capacidad para aprobar cuestiones importantes y no extender algunas discusiones.
Costa Rica atraviesa desde hace años una crisis evidente de movilidad. Las presas dejaron de ser una molestia ocasional para convertirse en un problema estructural que afecta la productividad, la salud emocional, el ambiente y la calidad de vida de miles de personas. La sociedad requiere soluciones de largo plazo y necesita, además, capacidad política para construirlas.
Por eso esta votación tiene un valor simbólico importante.
Aún cuando buena parte del debate público parece dominado por la polarización, la Asamblea Legislativa demostró que es factible aprobar iniciativas relativas a temas estratégicos para el futuro nacional. Y eso es una señal positiva para la ciudadanía, los sectores productivos y las nuevas generaciones.
Porque las grandes obras de infraestructura no pertenecen a un gobierno específico. No deberían convertirse en banderas electorales de nadie. Son proyectos país, concebidos para servirle a Costa Rica.
Este lunes pasado ocurrió algo que vale la pena subrayar: aún en medio de discusiones, conflictos y otros problemas, los representantes de nuestra sociedad evidenciaron que sobra capacidad para aprobar buenos proyectos a pesar de tener razonables diferencias y concepciones.
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