Queja ciudadana y llamado a conciencia
A la ciudadanía costarricense y al señor Rodrigo Chaves Robles,
Presidente de la República de Costa Rica: Escribo como ciudadana. No lo hago en nombre de un partido ni para sumar consignas, sino desde un estándar mínimo que Costa Rica se ganó con décadas de decencia pública: legalidad, ética, capacidad de gestión y respeto a las instituciones. El poder debe usarse para construir, no para destruir.
Lo que hemos vivido no es normal. La polarización y la violencia política se convirtieron en método. Las instituciones -Asamblea Legislativa, Poder Judicial, Fiscalía, Contraloría, Tribunal Supremo de Elecciones- fueron presentadas como obstáculos cuando, en democracia, son garantías. Sin árbitros no hay juego limpio; sin reglas, no hay República.
El miércoles se volvió tarima. La conferencia, espectáculo. La crítica, enemiga. Mientras tanto, los problemas reales exigían gobierno: seguridad con planificación, educación priorizada, salud pública gestionada con rigor, vivienda social a la altura de la necesidad, protección ambiental seria. La retórica no reemplaza a la ejecución; los eslóganes no sustituyen resultados.
Se instaló el relato del bloqueo legislativo como coartada. Pero gobernar también es proponer, coordinar, negociar y evaluar. No hemos visto la iniciativa ni la consistencia de un Ejecutivo que haga su tarea completa. A mi juicio, su administración prefirió excusas a responsabilidades.
El costo es alto: homicidios al alza, crimen organizado en expansión, cohesión social debilitada, Caja Costarricense de Seguro Social bajo presión, escuela y colegio perdiendo prioridad, ambiente subordinado a urgencias de corto plazo. Todo esto erosiona la confianza y nos empuja a normalizar lo que no debemos normalizar.
No escribo para pedir favores ni negociar nada. Es una queja formal y un llamado a conciencia. A usted, señor Presidente, le corresponde la investidura, pero también la mesura. El cargo exige serenidad, veracidad y rendición de cuentas; no degradaciones, no tarimas, no guerra contra los árbitros. Lo que cada quien haga con su poder define su legado; usted sabrá el lugar que la historia le asigne.
A mis conciudadanos: nuestro silencio no es apoyo. Nuestro silencio es preparación cívica. Preparación para defender la ley, el voto y la dignidad frente a cualquier intento de manipular instituciones o plazos. Si alguien quiere medir la fuerza de un pueblo, que persista en el atropello: encontrará ciudadanía, no clientelas; convicción, no miedo.
Tres recordatorios sencillos, que no son de partido, sino de país:
• El voto no es un impulso temporal: tiene efectos a corto, mediano y largo plazo.
• Infórmese antes de votar: verifique datos, compare promesas con resultados y escuche miradas distintas.
• Pensemos en la Costa Rica que debemos dejar a nuestros hijos: destruir el país nunca es opción responsable.
Es todo. Una queja ciudadana, un espejo y una advertencia serena. Costa Rica no es una tarima: es un pacto. Y quienes amamos este país velaremos porque ese pacto se cumpla.
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