“Podar para que florezca el país” La visón del jardinero en perspectiva

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“Podar para que florezca el país” La visón del jardinero en perspectiva
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En Costa Rica hablamos con orgullo de nuestra tierra. Decimos que es fértil, que es bendita, que es generosa. Pero a veces olvidamos que, como cualquier jardín, también necesita cuidado, atención y —cuando es necesario— una poda profunda que permita que la vida vuelva a florecer.

Los últimos informes del Estado de la Nación nos recuerdan algo sencillo pero esencial: el país es un jardín vivo, y hoy nos está pidiendo que miremos con honestidad las ramas secas, las malas hierbas y los brotes que se están quedando atrás. No para señalar culpas, sino para renovar la esperanza y recuperar la confianza.

Si vemos a Costa Rica como un gran jardín compartido, es claro dónde debemos trabajar.

En la economía, algunas ramas crecieron demasiado en perjuicio de otras. Sectores fuertes, sí, pero desequilibrios que dejaron zonas enteras sin sol ni oportunidades. Esa es una poda necesaria: no para frenar el crecimiento, sino para redistribuir mejor la luz, para que cada territorio también tenga la posibilidad de florecer.

En lo social, el jardín muestra brotes que no están recibiendo suficiente agua: familias vulnerables, juventudes sin oportunidades reales, comunidades rurales que sienten que la fertilidad del país no llega hasta sus caminos. Allí la poda significa reorganizar, unir esfuerzos, eliminar duplicidades y regresar a la esencia de lo que siempre nos hizo fuertes: la solidaridad.

En lo ambiental, las señales son claras. Los ríos se están secando en algunas zonas, la tierra pierde nutrientes y los alimentos esenciales se están dejando de sembrar. Es una alarma silenciosa: un jardín sin agua, ni semillas se vuelve más frágil cada año. Aquí la poda implica cambiar prácticas, proteger cuencas y volver a sembrar con sabiduría.

En el empleo, encontramos ramas envejecidas que ya no dan frutos. La informalidad crece, y la formación no siempre prepara para lo que el país necesita. La poda en este caso es dura pero necesaria: actualizar, capacitar, abrir nuevas sendas educacionales y laborales que den estabilidad y dignidad.

Y en nuestra institucionalidad, es evidente que hay raíces enmarañadas, trámites duplicados y engorrosos que sofocan, y sombras que impiden ver con claridad. Podar aquí es limpiar el camino: simplificar, coordinar, transparentar. Un Estado que funciona, es un jardín bien aireado, donde la savia llega a todas partes.

Costa Rica necesita una poda valiente, respetuosa, cuidadosa y amorosa. No una poda impulsiva, ni una poda para unos pocos, una en donde todos los habitantes volvamos a ver las flores de la equidad, la justicia y la prosperidad.

Hoy la invitación es simple y profunda: seamos jardineros de este país. Cuidemos lo frágil, sembremos lo que hace falta, pidamos, con respeto y firmeza, las podas necesarias. Un jardín bien cuidado es hogar, es futuro y es vida compartida.

Costa Rica puede florecer de nuevo; la poda no se debe postergar más pero para que sea fructífera la debemos realizar entre todos, hagámosla juntos a partir de un diálogo virtuoso.

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