Oro responsable: una oportunidad para Costa Rica

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Oro responsable: una oportunidad para Costa Rica
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Costa Rica ha construido su reputación internacional sobre la base de la conservación ambiental. Sin embargo, también es cierto que nuestro país posee recursos minerales cuya explotación ha sido históricamente polémica. Hoy quiero invitarle a pensar en un modelo distinto: uno que no destruye, sino que protege; uno que no empobrece, sino que genera riqueza local. Y ese modelo existe. Se llama Oro Verde, y nació en el Chocó colombiano.

El Chocó es uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta, muy similar a nuestras zonas norteñas. Allí, durante décadas, la minería mecanizada e ilegal devastó ríos, bosques y comunidades. Pero en 1999, un grupo de líderes comunitarios, junto con organizaciones ambientales, creó el Programa Oro Verde. Su objetivo fue simple y poderoso: certificar oro extraído artesanalmente bajo estrictos criterios ambientales y sociales, garantizando que cada gramo vendido en el mercado internacional proviniera de prácticas limpias y de comunidades empoderadas. Según estudios del programa, esta certificación permitió acceso a mercados internacionales y fortaleció la gobernanza local, convirtiéndose en un referente mundial de minería responsable .

¿Qué tiene que ver esto con Costa Rica? Mucho.

En nuestro país, el caso de Crucitas se ha convertido en un símbolo de lo que no queremos: destrucción ambiental, ilegalidad y pérdida de control estatal. Pero Crucitas también demuestra algo más: el oro está ahí, y alguien lo va a extraer. La pregunta no es si habrá minería, sino quién la hará y cómo.

Costa Rica podría adoptar —e incluso mejorar— el modelo Oro Verde. ¿Cómo? Primero, estableciendo un sistema de certificación nacional de minería responsable, basado en criterios ambientales estrictos, participación comunitaria y trazabilidad total del metal. Segundo, creando un esquema de gobernanza donde participen comunidades locales, organizaciones ambientales, universidades y el Estado. Tercero, incorporando un actor que Colombia no tuvo: el Banco Central de Costa Rica. El BCCR podría regular la compra del oro certificado, garantizar precios justos y, eventualmente, usar parte de ese oro como respaldo estratégico, fortaleciendo la estabilidad monetaria sin comprometer la conservación.

Esto permitiría tres beneficios concretos:

1. Protección ambiental real, porque la extracción estaría limitada, regulada y certificada. 2. Empleo y riqueza local, especialmente en zonas rurales donde las oportunidades son escasas.

3. Recuperación del control estatal, evitando que el oro siga financiando redes ilegales.

Costa Rica tiene la capacidad técnica, institucional y ética para demostrar que sí es posible extraer oro sin destruir la naturaleza. Oro Verde lo logró en uno de los territorios más frágiles de América Latina.

 Nosotros podemos hacerlo igual… o incluso mejor.

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