Fortalecer la salud pública no significa que la Caja deba hacerlo todo
Costa Rica enfrenta una discusión trascendental sobre el futuro de las áreas de salud administradas por cooperativas.
Para algunos sectores, fortalecer la Caja Costarricense de Seguro Social significa que la institución deba asumirlo todo directamente, concentrando bajo una sola administración cada servicio de salud del país.
Esa postura nace de una premisa legítima: proteger el carácter público, solidario y universal de nuestra seguridad social. Sin embargo, vale la pena hacernos una pregunta de fondo: ¿garantizar la salud pública exige, necesariamente, que la Caja lo produzca todo por sí misma?
Desde la estrategia moderna y el análisis de las organizaciones, la respuesta es un claro y rotundo no. Garantizar un derecho no es lo mismo que operar cada detalle de la infraestructura.
El economista británico Ronald Coase ya advertía que, cuando las organizaciones crecen de manera desmedida, se elevan los costos de coordinación y aumenta el riesgo de gestionar mal los recursos. Absorber operaciones no equivale, automáticamente, a ser más eficientes.
En nuestra seguridad social, la Caja debe mantener absoluto control sobre lo esencial: la conducción de la red, el financiamiento solidario, la definición del modelo de atención, la supervisión rigurosa y la garantía del acceso universal.
Nada de esto exige que cada consulta o EBAIS sea operado directamente por la burocracia central. Lo público no se define por quién ejecuta la tarea, sino por el propósito que la guía, las reglas que la gobiernan y el bienestar que genera en la gente.
Las cooperativas de salud no buscan sustituir a la Caja. Forman parte de un ecosistema donde la Caja lidera y articula capacidades complementarias. Este modelo ha aportado agilidad en la gestión, cercanía con las comunidades, innovación de procesos y conocimiento acumulado en los territorios. Pretender que la Caja absorba todo de golpe conlleva riesgos reales: mayor carga administrativa, costos fijos más altos y la posible pérdida de una valiosa experiencia local.
La Organización Mundial de la Salud promueve sistemas integrados que coordinen diversos proveedores alrededor de las personas. Integrar no es uniformar; integrar es alinear.
Por supuesto, colaborar no significa entregar servicios sin control.
Un modelo público-cooperativo exige contratos transparentes, rendición de cuentas, auditorías estrictas e indicadores de calidad. La cooperación no elimina la supervisión de la Caja: la hace aún más estratégica. Pasa de pretender hacerlo todo, a liderar una red capaz de dar mejores resultados.
Defender a la Caja no es encerrarla dentro de sus límites administrativos, sino proteger su misión y su sostenibilidad en el tiempo. La verdadera discusión no es elegir entre la Caja o las cooperativas, sino entender cómo la institución puede gobernar y aprovechar esas capacidades en beneficio de todos.
En la gestión moderna, la institución más fuerte no es la que pretende hacerlo todo sola, sino la que sabe construir con los demás para servir mejor a su gente.
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