Día del solidarismo, cuatro años de oscuridad.

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Día del solidarismo, cuatro años de oscuridad.
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El 7 de noviembre se conmemora el Día del Solidarismo y a decir verdad, la celebración no será distinta a los años anteriores de la gestión Solís Rivera, marcada por el desdén y el desprecio a esta forma de organización tan tica, producto de exportación de la sinergia constructiva que debe primar entre empleadores y trabajadores.

En una clara afrenta al rango constitucional que tiene el quehacer solidarista, durante este cuatrienio se han cerrado todas las puertas de acceso para conformarlas en el sector público y la más vergonzosa prenda la constituye lo que acontece en el Ministerio de Hacienda, donde el titular, quien además ostenta el cargo de vicepresidente de la república, se niega a incluir el aporte patronal que garantice los fondos para la cesantía que caracteriza al movimiento solidarista.

En el 2011 se aprobó la reforma al artículo 64 de la Constitución Política y desde entonces se lee:

“El Estado fomentará la creación de cooperativas como medio para facilitar mejores condiciones  de vida de los trabajadores.  Asimismo, procurará el desarrollo del solidarismo como instrumento de crecimiento económico y social de los trabajadores, tanto en el sector privado como en el sector público.

Asimismo, reconocerá el derecho de patronos y trabajadores a organizarse libremente en asociaciones solidaristas, con el fin de obtener mejores condiciones de vida y desarrollo económico y social.”

 Este gobierno desde el principio apostó a un engendro “Moraleszapatiano” denominado economía social solidaria, que secuestra el digno nombre del solidarismo para convertirlo en instrumento de viajes, prebendas y testaferros, que como en el caso del Banco Popular, financiaron la mansión en la comunidad guanacasteca de Tempate, todo en contra de los postulados de la entidad concebida el siglo pasado por uno de los más honestos gobernantes que conoció nuestra patria, como lo fue el profesor José Joaquín Trejos Fernández.

Prestar juramento y luego volver la espalda a lo jurado no tiene otro nombre más que traición y así nos hemos sentido los dirigentes solidaristas ¡Vilmente traicionados ¡

Conmemorar significa hacer memoria y es un ejercicio que deberían hacer especialmente algunos políticos que se vuelven amnésicos, posiblemente azurumbados ante el temor que les produce quienes hacen ruido con la tristemente célebre amenaza denominada “democracia de las calles”.

Hasta el día de hoy los candidatos a la presidencia de la república permanecen mudos con respecto al solidarismo y a esto deberíamos prestar particular atención los centenares de miles de personas que comulgamos con esta forma de organización.

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