El exceso de trabajo en Japón

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El exceso de trabajo en Japón
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Japón suele presentarse como ejemplo de disciplina, eficiencia y compromiso laboral. Sin embargo, detrás de esa imagen también existe una cultura de trabajo que, durante décadas, ha exigido enormes sacrificios personales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas grandes empresas japonesas desarrollaron un modelo basado en la estabilidad laboral. A cambio de permanecer en una misma compañía durante buena parte de su vida, el trabajador recibía seguridad, ascensos por antigüedad y beneficios. Pero aquel acuerdo también demandaba obediencia, disponibilidad y una fuerte identificación con la empresa.

En ese ambiente, marcharse antes que el jefe podía interpretarse como falta de compromiso. Permanecer muchas horas en la oficina llegó a valorarse más que terminar eficientemente las tareas. Incluso las reuniones para beber después del trabajo, conocidas como nomikai, aunque supuestamente voluntarias, podían convertirse en una prolongación de la jornada y de las relaciones jerárquicas.

Algunos trabajadores que perdían el último tren pasaban la noche en hoteles cápsula, saunas o establecimientos conocidos como mangas cafés. Estos lugares permanecen abiertos las 24 horas, cuentan con sillones, acceso a internet y, en algunos casos, duchas. No todos sus usuarios son empleados agotados, pero la imagen de personas durmiendo allí para regresar a la oficina a la mañana siguiente refleja uno de los extremos de ese modelo de convivencia excesivo y desgastante al extremo. .

También, entre los trabajadores japoneses ha existido resistencia a tomar vacaciones. Algunos empleados temen recargar de tareas a sus compañeros o ser considerados menos leales. De esta manera, el descanso deja de verse como un derecho y comienza a sentirse como una falta de solidaridad con el resto del grupo.

El problema alcanzó tal gravedad que Japón acuñó el término karoshi: muerte por exceso de trabajo. También existe la palabra karojisatsu, utilizada cuando la presión laboral contribuye al suicidio.

Recientemente las autoridades japonesas  han impulsado reformas para limitar las horas extraordinarias y procurar que los trabajadores utilicen parte de sus vacaciones. Las nuevas generaciones también cuestionan estas prácticas excesivas, por lo que sería incorrecto pensar que todos los japoneses viven actualmente bajo las mismas condiciones.

Eso sí, la experiencia japonesa nos deja una advertencia universal: la disciplina puede ser valiosa, pero deja de serlo cuando convierte el agotamiento en motivo de orgullo. El trabajo debe permitirnos construir una vida; nunca debería exigirnos renunciar a ella.

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