Se acabaron las excusas. La mesa para comerse la bronca está servida…
Con 31 diputaciones, cuando el umbral para controlar la Asamblea Legislativa se sitúa en 29, el oficialismo cuenta con una ventaja significativa para impulsar su agenda. Este escenario, más que una simple oportunidad política, representa una prueba directa de madurez institucional y de responsabilidad democrática.
Especialmente durante los últimos 4 años, el discurso político ha estado marcado por una constante: “necesitamos más diputados para gobernar bien”. Se ha señalado la fragmentación legislativa como una de las principales barreras para avanzar en reformas estructurales, aprobar proyectos estratégicos o ejecutar planes de desarrollo de largo plazo.
Parte importante de la ciudadanía ha otorgado un respaldo político que se traduce en una correlación de fuerzas favorable al Poder Ejecutivo dentro del Primer Poder de la República. Esto implica que, al menos en lo que respecta a la aprobación de proyectos que requieran mayoría simple, la ruta debería ser más expedita.
Se trata de un momento que eleva significativamente el nivel de exigencia. Cuando existen mayorías claras, desaparecen las excusas. La narrativa de la “ingobernabilidad” pierde sustento y debe dar paso a una expectativa ciudadana mucho más concreta: resultados.
Tienen ya la obligación de construir una agenda clara, coherente y alineada con las necesidades más urgentes del país. No se trata de acumular proyectos, sino de priorizar aquellos que realmente impacten en la calidad de vida de las personas, en la competitividad económica y en la sostenibilidad social.
La mayoría no debe confundirse con imposición. Gobernar con números a favor no exime del deber de dialogar, de escuchar a las minorías y de integrar visiones diversas. Una democracia sólida no se mide únicamente por la capacidad de aprobar leyes, sino por la calidad del proceso deliberativo que las sustenta. Ignorar a la oposición, tratarla a las patadas y malacrianzas o reducirla a un papel simbólico debilita el debate democrático.
La eficiencia legislativa debe ir de la mano con la transparencia. La rapidez en la tramitación de proyectos no puede sacrificar el análisis técnico ni la rendición de cuentas. Al contrario, la mayoría debe traducirse en procesos más ordenados, más previsibles y comprensibles para la población.
Siendo la señora presidente graduada de Ciencias Políticas, este periodo representa una oportunidad histórica para demostrar que la política puede ser efectiva cuando existen condiciones adecuadas y la capacidad de diálogo serio, respetuoso y efectivo.
Ya no se vale repartir culpas a los gobiernos pasados. Es tiempo de ejecutar, de acuerdos inteligentes y de un liderazgo responsable. No se les dio un cheque en blanco; es, en esencia, un mandato exigente que obliga a estar a la altura de las expectativas.
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