De la censura de la educación sexual al libertinaje cibernético…

Panorama Digital
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De la censura de la educación sexual al libertinaje cibernético…
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En las aulas de primaria costarricense está emergiendo una realidad que no puede seguir siendo ignorada: el acceso temprano y desmedido de niños a contenido para adultos en redes sociales, video juegos y animados absolutamente sexualizados. No se trata de casos aislados ni de una preocupación exagerada. Es una transformación silenciosa en la forma en que los menores están construyendo su visión del mundo, sus relaciones y su propia identidad.

Cuando estudiantes de 10, 11 o 12 años incorporan en sus conversaciones cotidianas temas sexuales explícitos, no estamos frente a una simple “curiosidad infantil”. Estamos viendo los efectos de una exposición prematura a contenidos que distorsionan la comprensión de la afectividad, el respeto y los límites.

Ante este triste panorama, resulta imprescindible colocar la responsabilidad donde corresponde: en el entorno adulto, particularmente en los hogares. No basta con culpar a la tecnología o a las plataformas digitales. El problema no es únicamente el acceso, sino la ausencia de mediación. Un dispositivo sin supervisión en manos de un menor es, en la práctica, una puerta abierta a contenidos que pueden ser profundamente perjudiciales.

El establecimiento de controles parentales ya no es una opción, es una necesidad urgente. Estos controles no deben entenderse como una forma de vigilancia excesiva, sino como un acto de protección responsable. Limitar el acceso a ciertos contenidos, regular el tiempo de uso y conocer qué consumen los hijos en línea son acciones básicas en la crianza digital contemporánea. Tan importante como esto es generar espacios de diálogo abierto, donde los niños puedan expresar dudas y recibir orientación adecuada, en lugar de buscar respuestas en fuentes inapropiadas.

Asimismo, el sistema educativo y las instituciones públicas tienen un rol complementario, pero no sustitutivo. La educación digital y afectiva debe fortalecerse, sí, pero no puede reemplazar al acompañamiento familiar. Pretender que la escuela contenga por sí sola un fenómeno que se origina en el ámbito doméstico es, sencillamente, insuficiente.

Las autoridades actuales, aparentemente, para congraciarse con algunos sectores más fanáticos que conservadores, le dieron la estocada mortal a las guías de educación sexual en escuelas, bajo el perverso argumento de que en esa materia “a mis hijos los educo yo”. Pues bien, es hora entonces de que asuman el rol de formación que les exige la paternidad y pongan ya un alto a esta masificación de la putrefacción mental que viven estos niños, que deberían estar mejorando las habilidades de vida que el mercado laboral les exigirá, como la lectura, el pensamiento crítico y la capacidad de análisis y no hablando de sexo.

Costa Rica enfrenta un desafío generacional que exige decisiones claras y acciones concretas. Ignorar esta realidad o minimizarla solo profundizará sus consecuencias. Proteger la infancia hoy implica asumir, sin evasivas, la responsabilidad de guiar, limitar y educar en el uso de la tecnología. Porque lo que está en juego no es únicamente el rendimiento escolar, sino el desarrollo integral de una generación.

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