Reaprender a dialogar

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A pocos días del inicio de una nueva administración, y con un país dividido peligrosamente entre seguidores y opositores, entusiastas y pesimistas, hinchas y detractores, creo que el principal reto que enfrentamos hoy en Costa Rica es reaprender a dialogar en democracia.  Al respecto, el papa Francisco en su Carta Encíclica Fratelli tutti (FT) señala siete claves para sostener un diálogo fructuoso, que permita verdaderos procesos de encuentro, reconciliación y desarrollo social.

1-Aprender a ceder.  Con renuncias, paciencia y humildad un gobernante puede crear un hermoso poliedro donde todos encuentren un lugar.  Dialogar, negociar no es imponerse, es un intercambio de ofrendas en favor del bien común (cf. FT 190). 

  1. Saber que las redes sociales no sustituyen el diálogo.  Estas propician un febril intercambio de opiniones orientado por información no siempre confiable y a partir de monólogos que se imponen por sus tonos agresivos, pero los monólogos no comprometen a nadie (cf. FT 200).
  • Evitar los ataques personales (ad hominem).  Urge acabar con la descalificación del adversario aplicándole epítetos humillantes, solo el diálogo abierto y respetuoso logra una síntesis superadora (cf. FT 201).
  •  Considerar las opiniones de todas las partes.  Esto supone respetar el punto de vista del otro (cf. FT 2013), y valorar las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la sociedad (cf. FT 219).
  • Apostar por la multidisciplinariedad.  La realidad es una, pero puede ser abordada desde distintas disciplinas, perspectivas y metodologías, para conocerla de manera más íntegra y plena (cf. FT 204).
  • Recuperar la amabilidad.  En política las formas importan tanto como el fondo.  La amabilidad facilita el acercamiento y los consensos, e implica anteponer palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan; en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian (cf. FT 223).
  • Propiciar la paz.  El gobernante debe actuar como un “artesano de paz”, dispuesto siempre a generar procesos de sanación, de reencuentro y de progreso con paciencia, ingenio y audacia.

La convivencia y el diálogo social, fundamentales para la democracia, muestran síntomas claros de desgaste en Costa Rica.  Hoy, no hay nada más importante que recuperar nuestra capacidad para disentir de forma civilizada, para discutir sin vernos como enemigos, para aprender a construir juntos a partir de nuestras normales diferencias.  Para ello urge tener un alto nivel de humildad y madurez, y la certeza de que debemos comportarnos todos como dignos herederos de la democracia más robusta de América Latina.

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