Una Costa Rica sin drogas
Dicen que soñar no cuesta nada, es por eso que muchos terapeutas, médicos, orientadores y guias espirituales que tratan diariamente familias con niños, adolescentes, padres y madres, adictos, que sueñan con un mundo sin drogas. Especialmente porque al no existir el consumo, ni la oferta, ni la demanda de drogas, lo más probable es que el narconegocio no exisitiría y por añadidura no estarían muriendo tantos jóvenes pandilleros en nuestras calles. Triste realidad que era impensable en la Costa Rica de los años cincuentas y otras décadas cercanas a esta.
Sin drogas tampoco moririan bebés como accidente colateral por balaceras. Sin drogras la empatía y compasión volverían a existir. La gente por tanto volvería a ser amable tendiente a ayudar a los demás, en lugar de amenazas y malos tratos. Sin drogas no se darían accidentes de tránsito por personas que conducen sin plenas facultades, por ende matan en carretera. Sin drogas no se hubiera dado el caso de la extradición de dos costarricenses a Estados Unidos, quienes hoy enfrentan cargos por narcotráfico en ese país. Arrastrando a sus familias a gran pesar y dolor.
Que gran lección queda para los jóvenes la situación que hoy viven esos dos costarricenses extraditados. Es un espejo real de lo que puede pasar si en algún momento piensan meterse en grupos narcos, porque lo que les espera es cárcel, muerte para sí o para sus familiares.
Verdaderamente no es el mejor camino para salir de la pobreza. La vida ofrece reciliencia, creatividad y esperanza para vivir con trabajo digno y solidario, aunque cueste un poco más.
Y quienes desean empezar a consumir para aliviar sus penas y dolores del alma, deben saber que naturalmente el ser humano puede salir emocionalmente adelante sin drogas. En cambio, las personas con adicción psicológica a una sustancia se sienten dominadas por un fuerte deseo a consumir dicha sustancia.
Por tanto, hacen lo que sea para satisfacer su patológica necesidad. Pueden mentir, robar, manipular, agredir y tristemente hasta matar dada la incapacidad de resistir el síndrome de abstinencia. Pasan del supuesto placer a depender completamente, entonces su vida se centra en la droga deteriorando para siempre su estabilidad emocional.
Ojalá volvieramos a una Costa Rica sin drogras; esa de gente pura vida, de trabajo digno, donde la salud mental sea tan buena que podamos convivir en paz. La comunicación sea acompañada de sonrisas.
Hacemos un llamado para que la horadez y el respeto sea nuestra bandera de convivencia y progresaramos en bienestar social.
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