La burla y la descalificación en la política

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La burla y la descalificación en la política
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En estos tiempos en nuestro  país  vemos con preocupación que algunos actores políticos, cada vez más, recurren a la burla como acto cotidiano por medio del lenguaje tanto verbal como no verbal. La burla entendida como aquella acción que tiene como objetivo ridiculizar, menospreciar con palabras y con  imitaciones despectivas a las personas aludidas, es un peligroso signo de decadencia moral de cualquier sociedad.

Se están perdiendo los límites, la educación y las formas. Gracias a la tecnología nuestros niños miran con frecuencia y  asombro los ademanes y gestos de burla  hacia  otras personas por parte de algunas autoridades políticas. 

La burla también se ha trasladado a la Asamblea Legislativa, recientemente  observamos con desagrado a un diputado respaldado por algunas risas cómplices, imitar despectivamente  a otra diputada.

¿Cómo explicarle entonces  con semejantes ejemplos  a nuestra niñez que la burla hacia otros semejantes es inaceptable e incorrecta? 

El Profesor RJ Starr  en  la investigación titulada  La psicología de la burla indica     acerca de aquellas personas que se burlan de los demás lo siguiente :

“Se les puede reconocer por lo que son: personas emocionalmente atrofiadas que carecen de las herramientas para procesar emociones complejas con madurez. Su burla no es una muestra de fuerza, sino de debilidad, un mecanismo de defensa que les impide interactuar con emociones que no saben cómo manejar .La realidad es que su burla no es una crítica intelectual, sino una reacción emocional, impulsada por sus propias deficiencias.

En esencia la burla no se trata solo del individuo que la practica.  Se trata de las estructuras sociales que la posibilitan, el público que la valida. Uno de los reforzadores más fuertes de la burla es la presencia de un grupo. Las personas rara vez se burlan de los demás de forma aislada; lo hacen en compañía de otros que se ríen o guardan silencio, mostrando una aprobación tácita.”

Lastimosamente cada vez es más frecuente observar como  políticos  utilizan la burla y  la descalificación personal para atacar al oponente, y descalificar  ideas.  En algunas ocasiones la  disfrazan de sinceridad o  de hablar sin filtros,  de decir las cosas sin tapujos, no obstante  la burla siempre  erosionará los principios básicos del debate democrático.

La burla pretende minimizar al adversario y  ridiculizarlo  transformando la discusión política  en un espectáculo de insultos y humillaciones degradando el respeto y la ética en el espacio público. Cuando la burla sustituye al argumento, el diálogo pierde fuerza y por ende la posibilidad de construir.

La manera en que hablamos de los demás retrata el tipo de sociedad que estamos construyendo.

Quien se burla de otros semejantes solo refleja la gran miseria humana que le acompaña.

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