Combatir el contrabando y el comercio ilícito es defender el empleo formal

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Combatir el contrabando y el comercio ilícito es defender el empleo formal
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Cada empresa que cumple con la ley realiza un esfuerzo que muchas veces pasa inadvertido. Detrás de cada negocio formal existen inversiones, empleos, impuestos, cuotas a la seguridad social, permisos sanitarios, municipales y obligaciones laborales y regulatorias. Cumplir tiene un costo, pero también representa un compromiso con Costa Rica.

Por eso, el contrabando y el comercio ilícito no pueden verse como fenómenos menores ni como simples alternativas para adquirir productos a un precio más bajo. Constituyen una forma de competencia desleal que perjudica directamente a quienes trabajan, emprenden e invierten dentro de la legalidad.

Mientras los empresarios formales pagamos impuestos, velamos porque nuestros trabajadores estén asegurados y cumplimos con controles de calidad, sanitarios y de seguridad, quienes operan al margen de la ley evaden estas y otras responsabilidades y obtienen así una ventaja indebida. No compiten ofreciendo mayor eficiencia o mejores productos: compiten incumpliendo las reglas.

Las consecuencias se extienden a toda la sociedad. El comercio ilícito reduce la recaudación necesaria para financiar los servicios públicos, expone a los consumidores a productos sin controles adecuados y alimenta estructuras delictivas. Pero, además, pone en peligro algo fundamental: el empleo formal.

Cuando una empresa responsable pierde mercado frente al contrabando, se reduce su capacidad para invertir, crecer y generar empleo. Por eso, cada producto introducido o comercializado ilegalmente no representa solamente un impuesto que el Estado dejó de recibir. Representa también una amenaza para los puestos de trabajo de miles de personas y para la sostenibilidad de empresas que hacemos las cosas correctamente.

El Plan Cero Tolerancia contra el contrabando y el comercio ilícito debe convertirse, por tanto, en una verdadera prioridad nacional. Su éxito requerirá controles eficaces, coordinación entre instituciones, uso inteligente de la tecnología y sanciones capaces de desincentivar estas conductas. También demandará continuidad, transparencia y resultados verificables.

Desde el sector empresarial formal respaldamos decididamente las acciones orientadas a cerrar los espacios a la ilegalidad. Esta lucha no busca proteger privilegios ni impedir la competencia. Por el contrario, procura que la competencia sea auténtica, justa y basada en las mismas reglas para todos.

Costa Rica debe enviar un mensaje contundente: cumplir la ley debe valer la pena. Quienes invertimos, generamos empleo, pagamos nuestras obligaciones y aportamos al desarrollo nacional merecemos competir en condiciones de igualdad.

Combatir el contrabando y el comercio ilícito es defender la recaudación, la salud pública y la seguridad. Pero, sobre todo, es defender a las empresas responsables, a sus trabajadores y al empleo formal que sostiene el bienestar de miles de familias costarricenses.

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