Más allá de los titulares de las redes sociales
Un recorrido por las redes sociales revela con gran impacto y preocupación que muchos costarricenses en plena era de los avances tecnológicos han abandonado la práctica de leer e investigar a profundidad. Esta conducta deriva en la emisión de criterios ligeros y descontextualizados, los cuales no son más que el reflejo de un alarmante nivel de desinformación, precisamente en un momento histórico donde la tecnología brinda un acceso abundante y sencillo a la información completa.
Ante este panorama, resulta imperativo cuestionarnos: ¿en qué momento extraviamos la disciplina de la lectura y el análisis reflexivo? Surge la duda de si es la pereza la que nos conduce a reducir y sustituir la lectura y el análisis profundo por el consumo fugaz de simples titulares en las redes sociales. Es inquietante observar cómo la sociedad ha empezado a delegar su capacidad de juicio, expresando conclusiones complejas sobre diversos temas basándose únicamente en la opinión ajena o en la escasa información que aporta un encabezado digital.
Para dimensionar la gravedad de este fenómeno, es vital analizar la evidencia científica reciente. Un artículo de la prestigiosa revista Naturaleza del Comportamiento Humano, publicado en noviembre de 2024 y titulado «Compartir noticias sin hacer clic», expone los hallazgos de una investigación realizada por un grupo de científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos donde analizaron más de 35 millones de publicaciones públicas de Facebook compartidas entre 2017 y 2020 y se descubrió que tres de cada cuatro enlaces publicados se compartían sin hacer clic es decir se comparte con otros usuarios enlaces de contenidos informativos sin antes leerlos.
Indica este artículo lo comentado por uno de los autores Shyam Sundar, catedrático de Efectos Mediáticos en la Universidad :
“Fue una gran sorpresa averiguar que más del 75 % de las veces, los enlaces compartidos en Facebook se remitían sin que el usuario hiciera clic primero. Había asumido que, si alguien compartía algo, antes lo leía y reflexionaba sobre ello, que respaldaba o, incluso, defendía el contenido. Cabría esperar que algunas personas compartieran ocasionalmente contenidos sin pensárselo mucho, pero ¿que la mayoría de las veces sea así? Fue un hallazgo sorprendente y muy aterrador”.
Este fenómeno de la desinformación constituye una fuerza tan poderosa como peligrosa, que se desplaza con velocidad y se infiltra en todos los estratos sociales. Costa Rica, lamentablemente, no es ajena a este flagelo que consume nuestro tejido social.
La información está a nuestro alcance, pero como sociedad, estamos desperdiciando el recurso más valioso. El progreso será nulo mientras el tiempo diario que debería dedicarse a la lectura para formar criterio propio y crecer culturalmente continúe siendo reemplazado por la lectura superficial de titulares en las redes sociales.
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