El sapo tico o el baile y el martillo

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El sapo tico o el baile y el martillo
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¿Cuál estrategia será más efectiva para mantener a raya al Covid, la del martillo y el baile, ideada por el ingeniero francés Tomás Pueyo o la del sapo, hija natural de la curiosidad del tico?

La del baile y el martillo es sencilla, cuando se disparan los casos, bajarlos a golpes, medidas duras,restrictivas, a güevazos aplanar la curva, ya horizontal podemos relajarnos, bailar un rato.


La estrategia del sapo o sapa tiene más sabor a terruño, es el típico fisgón, cuando ve algo que no está bien o estima sospechoso, va donde el jefe, la mamá, el papá o recurre a la autoridad en busca de ponerle orden al desajustado.

Durante muchas décadas se le denominó sapo al policía, al chaperón enviado pora para cuidar a la hermanilla en el cine, al bocón con la lengua al hombro donde el jefe o el patrón: ¡Acusetas come cajetas!

En estos tiempos de pandemia algún tico con la malicia de Tío Conejo, ese pícaro personaje de Los Cuentos de mi Tía Panchita, propuso “sapiar “ a todos quienes incumplan las disposiciones de distanciamiento social, o lo propuesto por las autoridades en la lucha contra el COVID 19.

El ingeniero francés está en el renombrado Sylicon Valley en Estados Unidos, en tanto, el sapeo, es tico, piso e tierra, el extranjero, al decir de los jóvenes es ¡más cool!

El sapo tiene en el alma el espíritu de doña Vina, el personaje radiofónico creado por la fallecida humorista Carmen Granados, esa figura un tanto chismosa, conocedora de vida y milagro del pueblo, el detonante de su lengua es un sencillo ¡viste! y luego suelta la información obtenida en las más diversas fuentes.

El sapo ha sido clave para esclarecer crímenes en el país, de repente detecta movimientos extraños en el vecindario, llama a la policía, así han caído desde narcotraficantes, ladrones, corruptos, agresores, secuestradores, violadores, coyotes, hallado desaparecidos.

Vencer al virus es la consigna, sea a punta de bailes o martillazos, o con el arma secreta, el humilde y tiquísimo sapo, démosle mazo al virus, cuando esté en el suelo movamos las caderas un rato, eso sí, sin dejar de sapiar a los irresponsables, no importa si viven en una mansión o en un tugurio.

Ya tengo la mía, póngase a mucha honra, la credencial virtual de ¡Sapo!

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