¿Y las lluvias de mayo?

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¿Y las lluvias de mayo?
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El pasado mes de mayo se las tragó el “niño”. Solo los viejos agricultores las añoran. Es decir, los viejos sembradores de maíz invernal. Este maldito niño se tragó el agua. El actual mundo parece huérfano de Dios, y se ve triste y frágil. Ojalá todo cambie.

Hagamos un esfuerzo para recuperar lo perdido; para vivir mejor y alcanzar un mayor desarrollo personal y cívico. Así será más fácil sentirse hermanos, todo iguales. Este mundo tiende a sentirse autónomo, y no es así. El Rey de los milagros nos enseña otra cosa, porque lo ha creado.

Vivimos en un mundo extraño, inhumano y aparentemente despreocupado de la mejora principal: la eternidad. Volviendo al mundo de los antiguos sembradores de maíz, recordemos el paso del espeque al tractor. El espeque es un palo puntiagudo para hacer huecos y depositar las semillas. Hoy esta costumbre es obsoleta, pues el tractor viene a sustituirla. Asimismo, no pensemos que todo se ha creado solo. Dejemos la soberbia a un lado, pues de nada sirve. Vivamos felices siempre y no olvidemos la rendición de cuentas final de lo bueno y lo malo hecho en la vida.

Como insistimos los creyentes, no vivamos huérfanos de Dios. Sólo Él hace milagros. Es el Creador y debemos llevarlo en el corazón, y no apartarnos nunca de su camino. Todas nuestras acciones deben hacerse como Él lo quiere.

Finalmente, debe corregirse de inmediato cuanto merezca corrección sobre todo en el seno de la familia, siempre necesitada de calor humano. En otras palabras, no hagamos abandono de deberes. Estemos dispuestos a servir, a amar y perdonar y a preservar la paz.

¡Cuánto hubiéramos querido que las lluvias de mayo nos hubieran deparado copiosos aguaceros!

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