Un hito histórico para las mujeres en la Asamblea Legislativa

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Un hito histórico para las mujeres en la Asamblea Legislativa
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Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer nos convoca a una doble mirada: a la memoria de las luchas que conquistaron derechos fundamentales y a la urgencia de transformar las condiciones estructurales que aún restringen la igualdad de las mujeres costarricenses. Según el Informe de Brecha de Género del Foro Económico Mundial, ningún país en el mundo ha alcanzado la paridad.

Este 8M tiene un significado histórico para Costa Rica: por primera vez hay más mujeres que hombres electas a la Asamblea Legislativa a partir del primero de mayo. Este avance es el resultado de políticas de paridad, de reformas legales, pero sobre todo de décadas de movilización feminista que exigieron que la democracia costarricense abriera espacio a las mujeres.

A nivel global, alcanzar la paridad de género en los parlamentos sigue siendo una excepción. Según datos más recientes, solo siete países en el mundo han alcanzado 50 % o más mujeres en sus cámaras únicas o bajas, de cerca de 190 parlamentos nacionales.

Pero tener una mayoría absoluta de mujeres en curules no implica automáticamente un compromiso con la agenda que avance los temas de las mujeres que nos muevan hacia la igualdad, ni que el poder se distribuya equitativamente. El ejercicio real del poder implica dirigir comisiones clave, presidir debates políticos y negociar acuerdos entre fracciones. El hecho de que las jefaturas de fracción anunciadas sean mayoritariamente masculinas evidencia que, pese a los avances, las estructuras tradicionales siguen concentrando poder en hombres. Esto subraya que la representación descriptiva —tener más mujeres sentadas— debe ir acompañada de representación sustantiva —tener mujeres comprometidas con la agenda de las mujeres y en puestos de decisión estratégica.

Las mujeres electas no son un bloque homogéneo. Son mujeres diversas, con identidades, trayectorias y prioridades distintas. Sin embargo, a todas las atraviesa una experiencia común: vivir en un país donde las mujeres todavía enfrentan discriminación en educación, empleo, ingresos, cuidados y seguridad. Esa experiencia no es una carga, sino una fuente de legitimidad para legislar con perspectiva de género.

El conjunto de proyectos de ley en Letras de Lucha ha sido un ejemplo de cómo la movilización social y la acción política pueden converger para avanzar en derechos concretos. Iniciativas para proteger a las mujeres frente a la violencia, para promover la corresponsabilidad en cuidados, para cerrar brechas laborales y ampliar el acceso a oportunidades han avanzado en comisiones y en espacios de diálogo —gracias al liderazgo y al trabajo articulado de varias diputadas de diferentes fracciones, notablemente de la diputada Montserrat Ruíz. También el trabajo del Grupo Parlamentario de Mujeres Diputadas y las iniciativas de la Unidad de Género de la Asamblea con el incansable liderazgo de Haydée Hernández. Este tipo de avances demuestra que las legisladoras pueden construir consensos en torno a prioridades de género, incluso en contextos políticos fragmentados.

El 8M es más que una conmemoración: es un llamado a la responsabilidad. La historia abrió una puerta con una mayoría femenina en la Asamblea Legislativa; ahora, corresponde a las diputadas electas corresponder la confianza de la ciudadanía en ellas y convertir a esa mayoría numérica en transformaciones reales que cierren brechas y garanticen dignidad e igualdad para todas las mujeres costarricenses.

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