Sin niños no hay futuro

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Sin niños no hay futuro
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Hace pocos días el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) señaló que a partir del año 2044 Costa Rica empezará a ver la disminución de su población e incluso agregó que 41 cantones (casi la mitad del país) empezarían a perder habitantes antes de ese año.

Ya hemos hablado en otros momentos sobre la ultra baja fecundidad que afecta a Costa Rica y hay que volver a decirlo una y otra vez: sin niños no hay futuro posible para nuestra sociedad.

La noticia que da el INEC no debe pasar como un dato más entre tantos, sino como una verdadera alarma social.  Este fenómeno refleja cuáles son nuestras prioridades como sociedad. Una nación que envejece sin renovar su población es una nación que se debilita desde sus cimientos. Menos niños, menos jóvenes, menos familias… significa también menos esperanza, menos dinamismo económico y cultural, y más presión sobre los sistemas de salud y de pensiones.

No podemos continuar indiferentes frente a esta realidad. La caída en la tasa de natalidad no es un signo de modernidad ni de progreso, como algunos erróneamente afirman y como tantos lobbies han promovido y aplaudido por años, impulsando una agenda que debilita a la familia y desvaloriza el don de la vida.

Es urgente promover políticas públicas claras y valientes a favor de la familia. No bastan discursos vacíos ni promesas electorales. Se necesitan acciones concretas: apoyo económico, vivienda digna, empleo estable, educación accesible, cuidado infantil, y una cultura que valore la maternidad, la paternidad y el don de la vida.

Costa Rica no necesita más indiferencia ni más agendas que destruyen lo esencial. Necesita una renovación del pacto social que ponga en el centro a la persona humana, a la niñez, a la juventud y a la familia.

No se trata de imponer modelos ni ideologías, sino de volver a lo fundamental: la vida es sagrada, la familia es el núcleo natural y central de la sociedad, y sin ellas no hay futuro.

Esta crisis demográfica no se resuelve con medidas superficiales. Requiere una transformación cultural. Necesitamos una Costa Rica donde tener hijos no sea un lujo, sino una alegría posible; donde criar a una nueva generación no sea una carga, sino un proyecto de esperanza. Esto exige valentía política, pero también un cambio en cada uno de nosotros.

Es momento de decidir: o seguimos cruzados de brazos mientras la población cae, o apostamos de una vez por todas por una Costa Rica que apuesta por la vida.

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