¿Quién debe gobernar?

La pregunta es vieja, en la antigüedad los filósofos clásicos hacían el mismo análisis, si debían ser los militares, los monarcas, los políticos o los mismos filósofos. Platón, siendo un político fracasado, decía que los mejores eran los más aptos para gobernar, según él, los filósofos.

Hoy día la pregunta continua vigente, si los políticos o los técnicos en las democracias occidentales, lo cierto del caso es que deben gobernar los lideres, los estadistas. Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna decía que “la historia era construida por los grandes hombres”, esto parece ser parcialmente cierto, nuestra historia reciente nos recuerda a Rafael Ángel Calderón Guardia, José Figueres Ferrer, Daniel Oduber Quirós y Oscar Arias Sánchez, para citar algunos…

Hoy día Costa Rica se encuentra en una encrucijada nunca vista en los últimos cincuenta años, con un gobierno improvisado, electo por reacción, accidental si se quiere, que tiene al país paralizado económicamente, quebrado técnica y socialmente, sin planes ni propuestas viables, con el índice de desempleo más alto de nuestra historia, 21% en zonas urbanas; aunque la CEPAL habla del 25% y en zonas rurales es mayor y en el caso de las mujeres se habla de casi el doble…con una pandemia sanitaria mortal, con una incertidumbre total que tiene al 40% de la población al borde del colapso mental, la violencia ha recrudecido y no se ve salida alguna, al menos no a corto plazo.

Casi todos los partidos políticos opositores callan o se plegaron totalmente  al gobierno, por comodidades de puestos y regalías, la sociedad civil desarticulada, sorprendida  y sin entender la situación, absorta  con  incredulidad  y  apatía, las redes sociales están asumiendo un control político mínimo en virtud de la inacción legislativa y de otros sectores organizados de la sociedad en esta materia.

Ha quedado al descubierto la falta de seriedad con que el gobierno ha atendido la situación relativa a la economía y al Covid 19, descoordinación, improvisación, falta de criterio técnico y científico. Por otro lado, contradicciones entre lo que se dice y se hace, lo delata la fiesta permanente en que viven algunos altos funcionarios, por no decir los ministros que se desaparecieron del escenario político; la incredibilidad es total.

Ya es hora de cambios trascendentales, de grandes y totales transformaciones económicas y sociales, hora que los dueños y accionistas de los partidos políticos habrán sus círculos de influencia a una nueva generación más preparada, madura, capaz y sobre todo honesta; hora de modernizar nuestra democracia, hora de darle chance a esos grandes hombres, esos nuevos líderes, a nuevos patriotas y estadistas.

Una democracia efectiva pasa por una alta, directa y comprometida participación de la ciudadanía, por esto es importante fortalecer el sistema de partidos políticos.

 Costa Rica lo merece y aún estamos a tiempo.

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