Niños traumados por violencia con armas en las calles
Con gran dolor escuchamos todos los días sobre una o varias muertes en nuestro país, de personas que pertenecen a bandas narcotraficantes, explotadores, y en otros casos se suman inocentes, en especial niños que no tenían nada que ver con dichos conflictos.
Recientemente trascendió que en Pueblo Nuevo de Limón asesinaron a un hombre frente a una Guardería, es decir una institución infantil, situación realmente preocupante.
La inseguridad ciudadana en Costa Rica ya es incontrolable, por eso ahora tenemos que darnos a la tarea de proteger a los niños lo más que se pueda. Por esto hay y que hablar del tema en familia con el fin de buscar formas de prevención y atención, si lamentablemte pasa un evento violento armado cerca o lejos de la casa. Especialistas señalan que presenciar un tiroteo puede ser especialmente traumático tanto en adultos con en niños.
Deja un estado de conmoción y desesperación, sobrecargando el sistema nervioso, volviéndose ansioso e hipervigilante. Opresión en el pecho, mareo y respiración acelerada. También puede experimentar sudores fríos, temblores y dolores.
Si alguien vive en una zona propensa a la violencia con armas, puede sentir miedo o nerviosismo cada vez que sale a la calle. El simple hecho de leer en las noticias sobre tiroteos masivos y violencia con armas puede dificultar concentrarse en el trabajo o la escuela. Además de destruir su sensación de seguridad y afectar a su salud mental.
La exposición a la violencia con armas aumenta los niveles de retraimiento e ira en los niños, deja múltiples traumas y efectos nocivos en el desarrollo como sentir profunda tristeza tras un tiroteo, sobre todo si se perdieron vidas. Además de sentir desesperación porque las medidas de seguridad fallaron o de que alguien intentara cometer semejante atrocidad. También puede insensibilizarlos a la violencia y prepararlos para que ellos mismos se vuelvan violentos.
Para el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), en la discusión nacional en torno al acceso, posesión y uso de armas de fuego debe prevalecer el interés superior de los niños, niñas y adolescentes, porque ellos están siendo víctimas inocentes de las armas y la violencia que acaba con sus vidas.
Y el tratamiento psicológico éstos debe ser integral, comenzando por crear un ambiente seguro y reconfortante en casa, y buscar apoyo profesional para terapia individual o familiar con un enfoque centrado en el trauma, como la terapia cognitivo-conductual.
Es fundamental fomentar la comunicación abierta, mantener rutinas estables, y promover actividades positivas que fortalezcan la confianza del niño, mientras los padres también cuidan su propio bienestar.
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