La doble postulación
Uno de los principales problemas que tiene la política costarricense, es la limitada cantidad y poca calidad de los liderazgos políticos. Como país debemos hacer un esfuerzo para que quienes pretenden asumir esos liderazgos, tengan la oportunidad de crecer, madurar y mejorar en las difíciles y peligrosas aguas de la política.
La “doble postulación” en las candidaturas simultaneas para la presidencia y para la Asamblea Legislativa, es una extraordinaria posibilidad para lograr, que quienes proponen un proyecto político, si no llegan a Zapote, puedan impulsarlo desde Cuesta de Moras, si es que sacaron los votos suficientes para alcanzar una diputación. Esta opción que tenemos ha sido poco usada por los principales partidos políticos, dado que el utilizarla se interpreta como aceptación previa de que no van a ganar la elección presidencial y se ha dicho que es un “premio de consolación”, lo cual está muy lejos de ser cierto. Si alguien pierde la elección presidencial y no va a la Asamblea Legislativa, durante cuatro años queda prácticamente ausente del panorama político y si ese alguien era una persona con cualidades para crecer como líder político, en definitiva quien perdió con su ausencia es el país.
Existe un proyecto de reforma constitucional, que pretende prohibir la “doble postulación”. Grave error. El proyecto más bien debería ser para que la “doble postulación” sea obligatoria y que todos los que postulen su nombre como candidato presidencial, automáticamente queden inscritos como candidatos a una diputación, por la provincia que cada cual elija. Si es obligatoria por mandato de ley, nadie va a descalificar ese hecho ni a decir que lo hacen porque saben que van a perder, como ocurre en la actualidad, más bien vamos a lograr que a la Asamblea Legislativa lleguen en un ejercicio de responsabilidad política, a liderar su propia fracción legislativa y defender lo que propusieron.
Si la “doble postulación” fuera obligatoria, para las elecciones del 2026 sería muy probable que personas como Alvaro Ramos, Juan Carlos Hidalgo, José Aguilar Berrocal, Claudia Dobles, Fernando Zamora, Claudio Alpizar, Karla Chaves o Natalia Diaz, para citar algunos, de no ganar la elección presidencial, puedan quedar electos como diputados. Todos debemos coincidir en que serían personas que por sus perfiles ayudarían a mejorar el desempeño legislativo. Ariel Robles y Fabricio Alvarado no podrían serlo, pues actualmente son diputados y no hay elección consecutiva, pero alguno de sus vicepresidentes si podrían lograrlo.
Ojalá entendamos que las reformas políticas deben ir dirigidas a mejorar la calidad de los actores políticos y que limitar su participación, lejos de ayudar a la Democracia, la perjudica. Hago un llamado a los diputados actuales para que en sus decisiones piensen en el futuro del país y no en cálculos electoreros o personalistas, como parece que está ocurriendo.
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