El camino de la familia

El pasado mes de mayo fue especial por dos motivos: el reverdecer producto de las lluvias y la celebración del día de la madre en varios países del mundo. Sin ella, sin madre, no hay gente.

Se ha seleccionado de la obra del Papa Francisco, publicada por la Editorial Planeta de España, el párrafo titulado “El entrenamiento en la entrega y el perdón”. Dice: “Hoy quisiera subrayar ese aspecto: la familia es un gran gimnasio de entrenamiento para la entrega y el perdón recíproco sin el cual ningún amor puede durar mucho tiempo. Sin entregarse y sin perdonarse el amor no permanece, no dura.

En la oración que Él mismo nos ha enseñado –es decir el Padre nuestro- Jesús nos hace pedirle al Padre: perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y al final comenta: “porque si ustedes perdonan a los hombres sus faltas, también su Padre celestial les perdonará a ustedes.

Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus faltas”. No se puede vivir sin perdonarse, o por lo menos no se puede vivir bien, especialmente en familia. Hoy día nos lastimamos unos a otros. Debemos tomar en cuenta esos errores, que se deben a nuestra fragilidad y a nuestro egoísmo.

Pero lo que no se nos pide es sanar de inmediato las heridas que nos hacemos, tejer de nuevo e inmediatamente los hilos que rompemos en la familia. Si esperamos demasiado, todo se vuelve más difícil. Y hay un secreto bastante simple para sanar las heridas y para retirar las acusaciones. Es este: ¡no dejar que termine el día sin pedir disculpas, sin hacer las paces entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas…entre nuera y suegra!

Si aprendemos a pedirnos disculpas de inmediato y a perdonarnos recíprocamente, las heridas se curarán, el matrimonio se fortalecerá, y la familia se volverá una casa más sólida, que resiste las sacudidas de nuestras pequeñas y grandes maldades. Y para esto no es necesario dar un gran discurso, es suficiente con una caricia: una caricia y todo se termina y empieza de nuevo. Pero ¡no terminen el día en guerra!”

Por tanto, no olvidemos el camino de la familia.

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