Educar en innovación es educar para el cambio

Panorama Digital
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Educar en innovación es educar para el cambio
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Es sorprendente observar como la mediocridad, la tensión de esta época globalizada, el conformismo y la desidia han hecho que los humanos hayan perdido la habilidad de la innovación; el ir más allá, el querer ser original y el crear sobre lo ya establecido. Lo preocupante es que esto no solo podría constituir una limitante en nuestro crecimiento personal en la medida en que nos hace individuos monótonos, apáticos y poco creativos, sino que representa una barrera para el desarrollo educativo y profesional.

En este sentido, valga recordar que hoy está más que aceptado que la innovación es vital para que los centros de enseñanza, las empresas e instituciones subsistan. Ya que cuando las ideas y los proyectos quedan obsoletos, bien porque se hacen comunes o porque se quedan técnicamente desfasados, se hacen necesarios estudiantes, profesionales o trabajadores innovadores, con sentido común, con actitudes de cambio y fuentes de inspiración en pro del crecimiento académico y laboral.                                                           

No obstante, el cómo innovar se ha convertido en el meollo del asunto. Y aunque la respuesta, según los expertos, es que la innovación está dentro de los centros educativos y de trabajo, entre sus estudiantes y personal, en la práctica coinciden en que, salvo algunas excepciones, es difícil que se fomente la innovación.

La razón de que no exista este proceso radica en que la innovación implica reglas muy distintas a los procesos establecidos, supone romper con los quehaceres cotidianos, exige experimentar y probar. En este sentido, es muy difícil que los trabajadores y estudiantes rompan con su saber hacer pues el día a día, la costumbre y la misma pereza son factores que ahogan la innovación.

Ante este hecho, se hace una condición imprescindible el crear una cultura de la innovación. Para ello se debe impregnar a toda empresa, toda institución pública o privada, escuelas, colegios o universidades de un sólido y constante fomento e incentivo de la innovación, ya que el aportar ideas para la mejora del trabajo o el estudio; generar creatividad en las labores realizadas y dar un sello personal a lo que realizamos, debería ser una competencia universal de todo trabajador o estudiante.

Recordemos que educar en innovación es educar para el cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza, amantes de los desafíos y listas para afrontar los obstáculos y problemas que se les van presentado en su vida. Por ello, desechemos la pasividad, la costumbre y las actitudes conformistas para darle paso, definitivamente, a la innovación y al cambio como una urgente prioridad personal que resulte en grandes aprendizajes y, por ende, en la mejora de nuestra sociedad.

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