Caminemos a un nuevo año con responsabilidad y haciendo bien
Al cerrar este año, quiero dirigirme a cada persona que me escucha con una palabra de realismo y de esperanza. No se trata solo de cambiar el calendario, sino de hacer una pausa para comprender quiénes somos, qué hemos vivido y hacia dónde queremos caminar como país.
El 2025 nos deja desafíos claros: la violencia que amenaza la convivencia, los feminicidios que hieren nuestra dignidad colectiva, la inseguridad que inquieta a tantas comunidades. Cada vida perdida es un llamado urgente a reconstruir caminos de paz y a fortalecer la justicia.
Es hora de defender con ahínco lo que sostiene nuestra sociedad: la familia. Este es un tiempo oportuno para renovar el compromiso con nuestros hogares, para promover entornos donde prevalezcan el respeto, el diálogo y la responsabilidad mutua.
Nuestros niños y adolescentes merecen una protección real, y oportunidades claras para su desarrollo y educación. Merecen espacios seguros y entornos familiares y comunitarios que los afirmen en su dignidad.
Tampoco podemos ignorar el sufrimiento de muchas mujeres. Los feminicidios no son números, son vidas truncadas, son familias desgarradas. Como sociedad reafirmemos nuestro compromiso con la defensa de toda mujer, con la promoción de relaciones sanas y con la erradicación de cualquier forma de maltrato.
Nuestros adultos mayores, tantas veces invisibilizados, necesitan más compañía, más escucha y mejores condiciones de vida. Recuperemos la gratitud hacia quienes han sostenido la historia del país con su trabajo, su sabiduría y su entrega.
El año que termina nos invita a reconocer que la esperanza es una fuerza que nos debe impulsar a tomar acciones. Desde la fe, creemos en un Dios que camina con nosotros, que ilumina nuestras decisiones y que nos impulsa a trabajar con honestidad por una sociedad más justa. Desde la cultura y el sentido común, sabemos que Costa Rica necesita personas responsables, valientes y dispuestas a cuidar el bien común.
La paz se edifica desde la vida cotidiana, desde el hogar, desde el barrio, desde las pequeñas acciones donde se juega la verdadera convivencia.
Que este cierre de año nos encuentre con la valentía de reconocer lo que debe transformarse y con la humildad de agradecer lo que hemos recibido. Que el 2026 nos abra caminos que respeten la vida, protejan la familia, cuiden a nuestros niños, defiendan a las mujeres y honren a nuestros adultos mayores.
Con sincero afecto deseo que el nuevo año sea para todos un tiempo de crecimiento, reconciliación, serenidad y compromiso. Que Dios bendiga sus hogares. Feliz año 2026.
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