Antonio Sena

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Muchas veces en la vida atravesamos momentos que no entendemos. Situaciones que nos cansan, nos golpean y nos hacen preguntarnos por qué ciertas tormentas simplemente no terminan. Y klquizá una de las cosas más difíciles de aceptar es que, en ocasiones, aquello que sentimos como un obstáculo puede terminar convirtiéndose en el camino hacia algo mejor.

El piloto brasileño Antônio Sena lo vivió de una forma extrema. Su avión cayó en plena Amazonía y durante 36 días permaneció perdido en una de las selvas más difíciles del planeta. Solo. Sin comunicación, con poca comida y luchando cada día por mantenerse con vida.

Pero había algo que desgastaba a Antonio especialmente: la lluvia constante. La lluvia apagaba el fuego que intentaba encender para calentarse, empapaba todo lo que tenía y hacía aún más dura la supervivencia. En esa situación muchas veces rogó que dejara de llover.

Sin embargo, cuando finalmente fue encontrado por tres cazadores les preguntó cómo habían logrado llegar hasta ese lugar tan remoto, ellos le respondieron algo inesperado: que solamente habían podido navegar hasta allí porque las lluvias habían llenado el río. Sin esa lluvia, el bote jamás habría pasado.

Y ahí aparece una reflexión poderosa. A veces le pedimos a Dios que quite de inmediato aquello que nos duele, sin imaginar que incluso esa dificultad puede estar preparando el camino para algo más adelante.

No significa que el sufrimiento sea fácil ni que debamos disfrutar las tormentas. Pero sí recordar que muchas veces entendemos el propósito de ciertas etapas solamente cuando logramos mirar hacia atrás.

Quizá hoy alguien esté atravesando una lluvia que no comprende. Pero tal vez, sin saberlo todavía, esa misma lluvia también está acercando la ayuda, la respuesta o el milagro que tanto espera.

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