La profecía autocumplida
¿Alguna vez ha pensado, antes de comenzar algo: «Seguro me va a salir mal»? Curiosamente, esa idea puede terminar aumentando las probabilidades de que, en efecto, las cosas no resulten como esperaba.
En psicología existe un concepto conocido como “profecía autocumplida”, que describe cómo una expectativa puede influir en nuestro comportamiento hasta convertirla, muchas veces, en realidad.
No se trata de magia ni de que los pensamientos tengan poderes sobrenaturales. La explicación es mucho más sencilla. Cuando una persona está convencida que va a fracasar, suele prepararse menos, asumir menos riesgos, rendirse ante el primer obstáculo o interpretar cualquier dificultad como una prueba de que tenía razón desde el principio. Sin darse cuenta, empieza a actuar de una forma que favorece el resultado que tanto temía.
Lo contrario también ocurre. Quien inicia un proyecto con confianza y una actitud abierta no tiene el éxito garantizado, pero normalmente persevera más, busca alternativas cuando aparecen los problemas, aprende de los errores y transmite una seguridad que también influye en quienes lo rodean. Esa disposición no elimina los obstáculos, pero sí mejora la forma de enfrentarlos.
Piense en una entrevista de trabajo, un examen, un emprendimiento o incluso una conversación importante. Dos personas pueden tener la misma preparación y las mismas capacidades, pero afrontar la situación de maneras completamente distintas. Una llega convencida que todo saldrá mal; la otra decide dar lo mejor de sí, sin obsesionarse con el resultado. Es muy probable que esta última proyecte mayor tranquilidad, responda con más seguridad y aproveche mejor las oportunidades que se presenten.
Esto no significa que el optimismo resuelva todos los problemas. Hay circunstancias que escapan a nuestro control y habrá ocasiones en que, aun haciendo las cosas bien, los resultados no sean los esperados. Sin embargo, la actitud con la que enfrentamos esos desafíos sí depende de nosotros, y esa actitud influye en nuestras decisiones, nuestro esfuerzo y nuestra capacidad para levantarnos después de un tropiezo.
La próxima vez que se descubra pensando que algo saldrá mal, pregúntese si esa idea lo está ayudando o lo está limitando. Porque, al final, la actitud positiva no garantiza el éxito, pero el pesimismo constante puede convertirse en el mejor aliado del fracaso.
Muchas veces, el primer paso para cambiar un resultado comienza por cambiar la forma en que decidimos enfrentarlo.
Los comentarios están cerrados.