Lo más importante de las cosas sin importancia
“El fútbol es la cosa más importante de las cosas sin importancia”. Esta frase, atribuida, según la fuente que se consulte, al papa polaco Juan Pablo II, al entrenador italiano Arrigo Sacchi o al exfutbolista y entrenador argentino Jorge Valdano, resume la pasión que despierta este deporte cada vez que se disputa una Copa Mundial. La actual edición, organizada por la FIFA, será la más grande de la historia: reunirá 48 selecciones en Canadá, México y Estados Unidos durante 39 días.
En Costa Rica, país históricamente futbolero, la mayoría de la población sigue con entusiasmo este acontecimiento global. Sin embargo, a diferencia de las seis ocasiones en que hemos clasificado al Mundial, esta vez vivimos el torneo con sentimientos encontrados. Los ticos tenemos nuestras selecciones preferidas que apoyamos; no obstante, cada pitazo inicial, cada gol y cada celebración nos recuerdan que Costa Rica no está presente. La frustración reaparece al pensar que pudimos ser parte de esta gran fiesta del fútbol.
No estar en el Mundial, cuyo proceso clasificatorio parecía el más accesible de nuestra historia, generó un sentimiento de duelo entre los aficionados. Al observar el desempeño de otras selecciones, resulta inevitable imaginar que Costa Rica podría estar disputando otro buen Mundial. Sin embargo, más allá del desencanto por la eliminación, esta experiencia deja valiosas lecciones. Rescato dos.
Primero, queda claro que al escoger un entrenador no solo se elige un estratega, sino también un líder. Más allá de sus conocimientos y experiencia, este debe inspirar confianza y motivar al grupo. El liderazgo requiere tiempo para construirse y consolidarse; por ello, cambiar de entrenador implica también cambiar de líder. Modificar un sistema de juego puede lograrse en pocos días, pero construir un liderazgo sólido no. En el fútbol, como en cualquier actividad en la vida, el liderazgo no se improvisa.
Segundo, en las competencias de alto rendimiento el talento no basta. Para estar entre los mejores, al talento recibido por Gracia de Dios deben sumarse disciplina, esfuerzo, concentración, resiliencia y humildad. Esta combinación debe ser un criterio central para escoger a los seleccionados nacionales. Ignorar esta fórmula, aplicable a cualquier ámbito de la vida, conduce al fracaso y a profundas frustraciones.
Más allá del sinsabor de nuestra ausencia, los costarricenses seguiremos disfrutando de este histórico Mundial. Aunque el resultado final solo traerá alegrías o tristezas pasajeras para quienes compiten, en Costa Rica el fútbol, “lo más importante de las cosas sin importancia”, nos deja dos enseñanzas que trascienden al deporte: el liderazgo no se improvisa; y el talento, sin disciplina y esfuerzo, no basta. Asumir estas lecciones será el primer paso para volver a construir el camino hacia el éxito.
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