El dolor de la patria

San José, caminando, personas
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El dolor de la patria
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La vocación por la democracia, el desarrollo social, el respeto de los derechos humanos, la armonía con la naturaleza, la paz y la seguridad, entre otros aspectos, fueron por mucho tiempo los principales estandartes de Costa Rica que pusieron en ella la mirada de todo el mundo como el digno ejemplo a seguir. Lamentablemente, la realidad costarricense hoy día refleja un ambiente de profunda preocupación social, económica y política que se manifiesta en el deterioro de los servicios públicos y en la violencia criminal, incluyendo una peligrosa tendencia hacia el autoritarismo que hacen que la patria esté pasando por un profundo dolor.

Buscar culpables en este momento no tiene sentido, porque el país de lo que está urgido ahora es de volver a esa esencia patriótica que por muchos años fue capaz de atender y de resolver sus problemas sobre la base del diálogo y del entendimiento democrático. No se puede negar que producto de la implementación de determinadas políticas públicas -en las últimas décadas- el país experimentó progresos macroeconómicos, pero al mismo tiempo fue testigo del deterioro socioeconómico que paulatinamente vienen sufriendo numerosos sectores del país, en especial los más vulnerables. Desafortunadamente el deterioro es de tal magnitud que el país apenas sobrevive gracias a las conquistas sociales de mediados del siglo XX, conquistas que hoy día se ven seriamente amenazadas.

La democracia costarricense fue admirada en todo el mundo no solamente por la pureza del sufragio, sino porque a través de ella se tomaron decisiones importantes para la sociedad. Pero en este momento los cimientos democráticos se tambalean dando paso a discursos irrespetuosos y polarizantes, incluyendo actitudes obsesivas de algunas personas que pretenden la concentración del poder y la desestabilización de la institucionalidad democrática a vista y paciencia de un sector de la población que pareciera no estar entendiendo el peligro que corre el país con semejantes posturas. El dolor de la patria se agudiza conforme se ataque a la democracia, tanto como lo está ahora mismo con la desigualdad social que se ha profundizado seriamente.

La patria está dolida porque hay pensamientos que denigran y discursos que lastiman la dignidad del ser humano y está dolida también porque el ciudadano debe enfrentarse a una burocracia que en muchos aspectos le hace la vida imposible y no le resuelve nada.  Pese a ello, el costarricense auténtico, amante de la paz, debe caminar siempre con la frente en alto, mirando el futuro con optimismo, con amor y esperanza. Solamente unidos -como hermanos– será posible recuperar la confianza, la seguridad, el respeto, la dignidad y la solidaridad. Solo así, será posible también volver al desarrollo y al crecimiento social y con ellos calmar el dolor de la patria.

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