Sin virtudes no hay felicidad

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Sin virtudes no hay felicidad
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El dinero es el medio de pago utilizado por los habitantes de cada país para la compra de bienes, servicios y todo tipo de obligaciones, en consecuencia, circula a lo largo y ancho del territorio nacional y del mundo.

Quizás por esa importante función del dinero y su poder de circulación a nivel nacional, el 30 de julio de 1956, el presidente Eisenhower firma la ley que permite acuñar el lema In God we trust, en Dios confiamos; tanto en las monedas como en los billetes de los Estados Unidos de América, motivado principalmente por un deseo de distinguir la fe religiosa de los norteamericanos, frente a la postura atea asociada al comunismo, que se expandía principalmente por la Europa del Este.

En los últimos días, he reflexionado acerca de la frase acuñada en el dinero de los Estados Unidos y como esa frase se pudo haber contribuido, en parte, al fortalecimiento de esta nación hasta llegar a ser la primera economía del mundo.

Pero sobre todo he estado meditando sobre lo que un mensaje acuñado en las monedas y billetes de un país y enfocado a cultivar una conducta en torno a las virtudes, puede lograr en la formación de ciudadanos más felices, honestos y comprometidos en la construcción de un país cada día mejor.

Poéticamente hablando, las virtudes son el jardín del alma y cuando el alma florece hay amor, entusiasmo, salud, paz y bienestar. Por otra parte, la felicidad permanente es el resultado de vivir una vida en torno a las virtudes, porque sin virtudes no hay felicidad.

Como resultado del análisis anterior y en vista que Costa Rica ha sido clasificada, en años anteriores, como uno de los países más felices del mundo, sería oportuno pensar en la promulgación de una ley mediante la cual se declare la frase Sin virtudes no hay felicidad, para que sea el lema oficial del dinero costarricense, de tal manera que pueda ser acuñada en las monedas y billetes del país.

La crisis profunda de honestidad y valores que atraviesa el país, nos hace pensar que hay una gran carencia de virtudes en la sociedad, porque una persona que viva una vida en torno a las virtudes jamás podría caer en actos de corrupción o delincuencia.

La aprobación de una ley que permita acuñar la frase “Sin virtudes no hay felicidad” en el dinero costarricense, podría y debería ser el preludio para la inclusión del capítulo de las virtudes en los programas de la enseñanza preescolar, primaria y secundaria del sistema nacional de educación.

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