35 años de la Proclama de Neutralidad

El pasado 17 de noviembre, se celebraron 35 años de la Proclama de la Neutralidad. Cualquiera que indague la historia costarricense podrá darse cuenta de algo que constituye una constante de nuestra nacionalidad: La vocación por la paz y el arreglo civilizado de las controversias y el rechazo a participar, hasta donde ello sea posible, en conflictos y acciones bélicas, cuando éstas se originan en problemas allende nuestras propias fronteras. Desde los lejanos inicios de la Independencia, los costarricenses mostraron una sorprendente tenacidad en tratar de resguardar su propia paz interior.

La lección es clara: Costa Rica no ha sido nunca neutral en la lucha entre el despotismo y la libertad. Los costarricenses siempre hemos sido, somos y seremos decididos partidarios de la libertad. En lo que hemos procurado permanecer neutrales, ha sido en cuanto a los conflictos bélicos de otros, siempre y cuando estos no pongan en peligro a nuestro pueblo. Con la Proclama de la Neutralidad, Don Luis Alberto Monge consagró formalmente un principio y una práctica consustancial a la tradición del pueblo costarricense en materia de las relaciones exteriores, cuando la afirmación de tal principio era de la mayor importancia, visto el clima de guerra, violencia y muerte que hace 35 años azotaba a Centroamérica y que amenazaba desbordarse hacia nuestro país.

Con sentido común, con patriotismo, pero, sobre todo, con profunda fidelidad a la tradición nacional, don Luis Alberto supo manejar una situación delicadísima, en uno de los momentos álgidos de enfrentamiento de las superpotencias soviéticas y norteamericana con el contexto de la Guerra Fría, salvando así a nuestro pueblo de la hecatombe que afligió a los vecinos.

Los intentos por desprestigiar en su momento y aun ahora esta iniciativa, tanto de  quienes no habrían dudado en lanzarnos a la guerra y a la muerte, amarrados al molino de la Internacional Comunista, o desde el otro extremo del espectro, donde algunos voceros del liberalismo conservador, que en su discurso –no menos ideológico y dogmático que el de la izquierda ortodoxa, abominan de todo papel del Estado como guía y corrector de las condiciones concretas de la libertad social, no fructificó.                                                                                                                                                    

La Proclama de la Neutralidad seguirá siendo un estandarte de la profunda fidelidad y vocación indeclinable por la paz inherente a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Los costarricenses debemos sentirnos orgullosos del sentido histórico y de la visión que representó esta Proclama  del ex-presidente Monge Álvarez, que se adelantó en varios años al fin de la Guerra Fría y al desmantelamiento de regímenes denominados comunistas. Y que constituyó precedente para posicionar a Costa Rica entera como un lugar de respeto en el concierto de las naciones civilizadas.

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