Volvamos a nuestra conducta y siempre pensando en el más allá

Panorama Digital
Volvamos a nuestra conducta y siempre pensando en el más allá
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Así mismo debemos incrementar el desarrollo material y cívico del país. Esto nunca lo podemos olvidar. Siempre debe estar presente en nuestro pensamiento y en nuestro corazón el mejorar nuestro bienestar. Pero también aprendamos a servir, respetar, a darnos y a gastarnos por nuestro eres queridos: esposa, hijos, padres, abuelos, compañeros de trabajo o de estudios, amigos…etcétera. Que nadie se llegue a sentir solo o abandonado.  

Para quienes somos creyentes, la vida comienza aquí y termina en el más allá. Es una meta con frecuencia olvidada. Volvamos al camino, nunca es tarde para enrumbarse. Los malos caminos pierden al ser humano. Estamos obligados a cuidarla. No perdamos el tiempo, aquí y allá nos esperan. Siempre podemos ser mejores. Por tanto, debemos luchar continuamente.

Recordemos que debemos rendir cuentas de “lo bueno y lo malo hecho en la vida”. No es una imposición, sino una invitación del Dueño de la existencia. Recordemos que somos seres creados. Un pensador no lo creyó así y cayó en el panteísmo -todo es Dios-. Una piedra fue creada, pero no por eso es Dios. Nosotros también somos seres creados, pero ni somos piedras ni Dios. Como ya hemos dicho, somos personas creadas por Él, no por nosotros mismos.

Nuestro camino es ser humildes y amigos de la verdad y el bien. Por consiguiente, tenemos que analizarnos a menudo y corregirnos, y así llegar a ser una persona útil y servicial, para los demás.

Nuestro deber es amar, perdonar, ayudar, servir, darnos, compartir y gastarnos por los demás. Asimismo, cooperar, ser útiles , olvidar agravios, ser amables y que los demás sientan que tienen amigos.

Debemos fomentar nuestro espíritu de hermandad y de respeto mutuo, cada vez mayor. Vivamos más unidos y marcados por el orgullo de ser costarricenses. El nuestro es un país pequeño pero iluminado por la luz de la fe y el escudo de la paz, personal y social, y el tesoro de tener un estado social de derecho, que desea ser inextinguible.

No hay ninguna razón para no ser más sencillos, más humildes y amistosos con los otros.

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