Unidad: no más confrontación institucional y dispersión ante el crimen organizado
Costa Rica atraviesa una de las crisis en materia de seguridad más grave de su historia reciente. En 2023, el país superó los 900 homicidios, alcanzando una tasa de 17 por cada 100,000 habitantes; es la más alta jamás registrada.
El crimen organizado se ha afianzado en zonas costeras como Limón y Puntarenas, donde los jóvenes, lamentablemente, son las principales víctimas y también quienes están siendo reclutados por estas redes.
El avance del narcotráfico y la violencia hacia otras zonas del país, incluidas áreas de clase media alta es muy alarmante pero lo más preocupante no es solo la diseminación de la violencia, sino la falta de una respuesta articulada desde el Estado. Como bien advirtió la señora expresidente Laura Chinchilla, el Consejo Nacional de Seguridad, instancia legal encargada de coordinar la acción entre los poderes públicos, no ha sido convocado con regularidad. Esta omisión representa mucho más que un descuido, es una señal de debilidad institucional y falta de liderazgo estratégico.
Aunque se han realizado esfuerzos: se aumentó modestamente el presupuesto en seguridad, se reforzaron leyes y se intensificaron los operativos, estas acciones aisladas no bastan. La amenaza que enfrentamos requiere una respuesta conjunta, planificada y sostenida. No puede haber resultados si cada institución actúa por su cuenta, sin una visión compartida, ni una dirección política clara.
Frente a este escenario, es urgente un llamado a la unidad. Esta lucha no es exclusiva del Gobierno: es una causa nacional. Los hogares, las escuelas, los colegios, las universidades, las comunidades y en fin toda la sociedad civil, deben involucrarse. Los padres tienen un papel esencial como primera línea de prevención. Los jóvenes deben ser protegidos del espejismo del dinero fácil y encontrar en la educación, el arte y el deporte un camino alternativo. Y la ciudadanía debe exigir que las instituciones cumplan su rol, sin dilaciones ni indiferencia.
El crimen organizado avanza con recursos, estrategia y cohesión. Costa Rica no puede enfrentarlo con fragmentación, silencio o improvisación. Necesitamos recuperar el sentido de propósito colectivo que siempre ha distinguido a nuestra democracia.
Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita unidad. Porque si el crimen avanza unido, solo una nación unida podrá detenerlo.
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