Un virus longevo y perversamente contagioso

Panorama Digital
Un virus longevo y perversamente contagioso
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¿Cuánto ha vivido y sufrido la humanidad a través de su historia?  La vida siempre ha sido dura, especialmente cuando las mortíferas plagas, diezmaban a gran parte de la humanidad  que contaba  con una ciencia incipiente,  pero que con el tiempo ha alcanzado un gran crecimiento.  Así, graves enfermedades han sido controladas

No se debe separar a Dios de la ciencia, ni a la ciencia de Dios. Él está presente para guiarla por un camino competente y responsable ante la dignidad del ser humano y para que aleje de sí, la tentación de llegar a ser oportunista; sino que se deje guiar por un camino de servicio, recibiendo la justa remuneración.

En Jn 9,6-7 nos presenta a Jesús haciendo lodo con saliva y tierra, con el que untó los ojos a un ciego y luego lo manda lavarse. Así éste recobró la vista.  Jesús podía hacer los milagros con sólo desearlo; sin embargo, aquí nos presenta una curación semejante a un tratamiento médico, utilizando las propiedades de la saliva y de la tierra. Nos podríamos preguntar, si con ésta acción, Jesús hace presente a la ciencia como un medio por el cual, Él continúa haciendo milagros.

Hoy, permanece en la humanidad, un virus longevo y perversamente contagioso y que puede trasmitirse generacionalmente y es el virus que pretende ahogar al amor.  Este adversario espiritual se manifiesta desde la Creación  y  se mantiene a través de la historia.

Somos testigos el dolor que causa: pueblos empobrecidos por la corrupción de sus gobiernos que los obliga a emigrar.  Delitos contra la vida y bienes…y la excusa con que se cubren para justificarse es: “Si yo no lo hago…otro se aprovechará”. 

Fortunas teñidas por el dolor de llevar a adicciones, prostitución y vicios varios a sus semejantes, endureciendo los sentimientos de hermandad. Desmedida brecha entre ricos y pobres.  Y es que la pobreza es mal negocio para los ricos. Pobres sin poder adquisitivo no genera ganancias.

En el movimiento económico saludable, su éxito está en que todos participen de él.  Este es un caso semejante ante la pretensión de monopolizar la globalización del alimento; monopolio que generaría pueblos empobrecidos condenados  aun más a la extrema pobreza y que lejos estarían de ser óptimos clientes.

Para inmunizarnos contra este virus espiritual, ya desde lo antiguo se dio la respuesta, que nos aleja de su alucinante y pervertido atractivo y es precisamente Los 10 Mandamientos, donde muchos han encontrado su refugio.

Jesús les habló de nuevo diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá luz y vida”  Juan 8,12

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