Sueños inconclusos en tiempos de pandemia

A veces nos pasa que somos protagonistas en un sueño y nos despertamos en lo más y mejor. Incluso en alguna ocasión deseamos volver a recuperarlo y reinsertarnos en el mismo sueño cual si fuera una película y volver a la escena donde nos quedamos; o por el contrario, despertamos asustados y nos desvelamos para no retornar al mal sueño que tuvimos.

La situación actual de nuestro país es como un sueño. Estamos atravesando una pesadilla que tal parece que no va a terminar pronto. Despertamos cada día con la incertidumbre y el miedo al nuevo informe y las nuevas reglas que nos ofrecen a las trece horas el presidente y las autoridades sanitarias.

Esta  pesadilla  se repite cada día.  A veces deseamos volver el tiempo atrás y creer que todo esto es un mal sueño, que el país está bien, que no hay pandemia, que no hay crisis económica,  que sobre abunda el empleo, que las pensiones descomunales van a desaparecer y que los salarios desproporcionadamente altos, van a ser ajustados a una suma racional, conforme a nuestra realidad económica.

Despertamos  de madrugada en medio de alucinaciones, de zozobra, de angustia y de temor. Con medio salario no alcanza  y hay desasosiego y gran preocupación. La impotencia absoluta nos sobrecoge y nos nubla el entendimiento. Queremos pensar con positivismo pero no visualizamos señales que nos indiquen que esto va a terminar bien.

El gobierno del presidente  Carlos Alvarado posiblemente va a ser recordado como el gobierno de la pandemia, de las restricciones, del retroceso, de las limitaciones. Trayendo a colación la novela “El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez  es difícil mantener buenas relaciones y buen amor  en tiempos de pandemia, es difícil creer cuando hay miedo de por medio.

No solamente tenemos miedo a la pandemia en sí misma; también tenemos miedo al enterarnos que muchos se aprovechan de esta mala  situación  para sacar provecho y ventaja, y que los de la clase gobernante siguen comiendo camarones jumbo en crema tártara, espárragos y aceitunas y se sirven con cuchara grande y toman copas de vino todos los días  mientras otros que son mayoría  están a la espera de una ayuda económica, que no llega.

Es cierto, tenemos miedo, miedo al desinterés, miedo de sospechar que después de la conferencia diaria muchos se frotan sus manos con alcohol y se retiran a sus casas muy tranquilamente  a comer sabroso y con la conciencia limpia.

Tenemos una paciente muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos y es la democracia de Costa Rica.

Elevemos a DIOS TODO PODEROSO nuestras plegarias para que se compadezca de nosotros y sensibilice el corazón de los que forman parte del gobierno para que trabajen en procura de conseguir el  bienestar espiritual, social y económico que todos añoramos.

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